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Full text of "La princesa del dollar : opereta en tres actos"

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9 3 2 
BRUMO QÜELL 

LA PRINCESA del DOLLAR 

OPERETA EN TRES ACTOS 



MÚSICA DEL MAESTRO 



Xv E O IT iLLvI^ 




MADRID 

Sociedad de Autores Kspafíoles 

±913 



15 



LA PRINCESA DEL BOLLAR 



Esta obra es propiedad del traductor don Bruno Giiell y 
nadie podrá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
España ni en los países en que se hayan celebrado o se cele- 
bren en adelante tratados internacionales de propiedad literaria. 

Los comisionados y representantes de la SOCIEDAD DE 
AUTORES ESPAÑOLES son los encargados exclusivamente de 
conceder o negar el permiso de representación y del cobro de 
los derechos de propiedad. 

Droitsde representation, de traducticn et de reproduction 
reserves pour tous les pays y compris la Sucde, la Norvége et 
la Hollar.de. 

Queda hecho el depósito que marca la Ley. 



TRADUCIDA DEh AUSTRÍACO 

ba Princesa del DoIIar 

OPERETA EI1 TRES ACTOS 

(DÚSICB DEb (ME5CR0 

LEO JP J^XjXj 



Esirenada con extraordinario éxito 
el TEATRO NUEVO de Barcelona la noche 
del 4 de septiembre de 1909 



J$2 



V 



BARCELONA 
ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE FÉLIX COSTA 

45 - Cunde del Asalto - jo 

1 912 



REPARTO 



John Couder, presidente de un trust de car- 
bón, verdadero tipo yanki, cincuentón, 
luchana, cabello gris, temperamento co- 
lérico • Sr. HERAS 

Alióla Couder, su hija, 24 años, muy bonita, 

temperamento enérgico Sra. 1DEL 

Uaísy Gray, sobrina de Couder, 17 años, 

muy alegre y vivaracha Sita; VIDAL 

Olga Labrinka, chántense, morena provoca- 
tiva, guapísima, marimacho, siempre 
con un látigo en la mano ...;... Sra. MAbin 

Miss Thompson, ama de llaves, tipo de vie- 
ja beata, lleva tirabuzones y postizos. . » MARCH 

Fredy Werburg-, 30 años, elegante, alegre 

y carácter enérgico Sr. RAMOS 

Barón Hans Heinrich, 20 años, alegre y cas- 
quivano, decidor s> SANTPERE 

Dik, sobrino de Couder, 25 años, tipo de rica- 
chón presuntuoso » VIÑAS 

Tom, hermano de Couder, 50 años, tipo de 

ricacho corrido y gastado » LATORRE 

James, ayuda de cámara de Couder .... » N. N. 

Dactilógrafas, invitados, criados, etc., etc. 

ÉPOCA ACTUAL 



Los actos 1.° y 2.° se desarrollan en el palacio del multimi- 
llonario John Couder, en Nueva York; el 3.° en una casa 
de campo, propieded de Fredy, llamada Alice-Ville. 



Decoraciones y figurines de José Castells.— Vestuario de Cora- 
na Cortés.— Mueblería de Balbuena y Compañía.— Iluminación 
eléctrica, casas principales de Barcelona 



ACTO FRIMERO 



Elegante habitación en casa de Couder, donde él y su hija tienen establecido 
el despacho: dos grandes mesas-escritorio ó burean á la americana con sus 
correspondientes sillones rotativos, estanterías para libros, varios croquis de 
las grandes minas de carbón de Couder y todo lo demás que pueda dar ca- 
rácter á un gran despacho. —En los escritorios aparatos telefónicos moder- 
nos, una mecedora junto a la pared del fondo. — Uu portier separa el despa- 
cho de Couder de la habitación donde está instalada la sección de dactiló- 
grafas. 



ESCENA I 

Coro de DACTILÓGRAFAS. ALICIA, después COUDER 

Música 

Coro Dactilógrafas expertas, 

es nuestra vida 
teclear siempre con ansia 
la maquinita. 

Y escribimos afanosas, 

y dejamos ciertas cosas, 
y dejamos ciertas cosas, 
ciertas cosas, ciertas cosas... 

Y dejamos el amor 

y al trabajo con ardor 
vamos todas, sin pensar, 
que marcando con ansia loca, 
el tic, tic, que apenas se nota 



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6G8582 



— G — 



Alicia 

Coro 
Alicia 

Coro 



Alicia 



Coro 
Alicia 



á compás late el corazón, 
tic, tic, tic, tic, ton. 
Tic, tic, tic, con afán marcamos, 
tic, tic, tic, por amor pensamos, 
sin pensar que es una ilusión 
nuestro triste amor. 

Tic, tic, tic. 
Buenos días, señoritas. 
Buenos dias tenga usted. 
Vienen tarde, señoritas, 
no lo puedo consentir. 
Perdone, usted, querida miss; 

no pasará; 
perdone, usted, que le juro, señorita, 
que no vuelve á suceder. 
Sí, sí; yoles perdono; 
pero les advierto que otro día 
que esto vuelva á suceder, 
por pararse á flirtear 

ó á coquetear 
sin llamarles la atención, 
la que vuelva así á faltar 
de mi casa la he de echar, 
y con gusto le daré un puntapié, 

un puntapié. 

Un puntapié. 
Cuando á una niña yanki 
se le acerca un doncel, 
prepárese á escuchar 
de amor frases en tropel. 
Si mira con ruhor 
y la quiere pretender, 
seguro pintará 
de ese modo su querer: 
Amor me he decidido 
á darte mi corazón; 
acoge, mi bien querido, 
mi noble pretensión. 
Las yankis, que no son torpes, 
se ríen de su memez, 
y al punto les contestan: 
esto no puede ser. 



- 7 - 

No me vengas con cursilerías 

que no estoy para tonterías, 

que yo estoy, que yo estoy por el metal. 

¡Ah, es mi ideal! 
Coro No me vengas con cursilerías 

que no estoy para tonterías, 
que yo estoy, que yo estoy por el metal. 

¡Ah, es mi ideall 



Hablado 



A tiempo que desaparecen las Dactilógrafas, entra COUDER muy agitado con 
elegante traje de montar. 



COUDER 

Alicia- 

COUL'ER 



Alicia 

COUDER 



Alicia 
Gouder 



Alicia 

COUDER 



Alicia 



COUDER 



Buenos días, Alicia. 
Buenos días, papaíto. 
Gracias, hija mía; r¡o puedes figurarte la 
serie de disgustos que estoy pasando; el 
mejor día me largo. 
Buen viaje, papaíto. 

( Paseando impaciente. ) Ya sabes que tengo como 
jefe de mis caballerizas al barón Hans 
Ileinrich von Schlik-. 
Sí. 

Ya sabes que tiene obligación de tenerme 
el estribo al montar para dar mi paseo ma- 
tinal. 

Bien, ¿y qué? 
Pues nada. ( c on indignación. ) ¡Que hoy no ha 

Comparecido! ( Entra un criado trayendo el correo en 
upa bandeja. Couder coge la correspondencia y la tira sobre la 
mesa rabiosamente. ) 

(irónica.) ¡Qué atrocidad! ¡Qué olvido tan 
enorme de su deber! ( Persuadiéndole. ) ¿Por 
qué tienes la manía de tener á tu servicio 
aristócratas arruinados, cuando sabes que 
no sirven para nada? 

Bueno, bueno; yo doblegaré á ese caballe- 
rito. Gomo multimillonario me puedo per- 
mitir el lujo de hacerme servir por la aris- 
tocracia arruinada de Europa y enseñarles 



Alicia 



COUDER 

Alicia 

CCUDER 

Alicia 

COUDER 



Alicia 



COUDER 



Alicia 



COUDER 

Alicia 



Couder 



Alicia 
Couder 



que sus títulos, aquí en América, no sirven 

para nada. ( Se sienta ante su escritorio y se pone a leer 
el boletín delalíolsa.) 

( Con soma. ) O que sólo sirven para tener-- 

te el estribo. (Alicia desde el principio está abismada 
en su bureau ojeando papeles. ) ¿CÓmO ha abierto 

hoy Baltimore? 
Noventa y uno cinco octavos. 
¿Y las minas de oro de Atlanta? 
Siete sesenta. 

Entonces debes vender Baltimores y com- 
prar Atlanta. 

¡Magnífico, Alicia, magnífico! Te has ga- 
nado Un abraZO ( Se levanta y dirigiéndose a Alicia le 
da un abrazo. ) • 

Muy bien, papá; pero no estará demás que 

me pagues la Comisión. (Meteal mano al bolsillo 
inteiior de la levita de Couder y saca algunos billetes de banco 
de su cartera. ) 
( Cogieudo la cartera de manos de su hija. ) Diablo de 

chica, nunca te quedas corta. ¿Qué pien- 
sas hacer con este dinero? ¿Piensas ca- 
sarte? 

¿Por qué no? Sime da ese capricho me 
compraré uno de esos monigotes llamados 
mandos, para distraerme un par de hori- 
tas cada día. 

¡Magnífico! Ideas muy sanas. 
Porque un esposo, al fin y al cabo no es 
más que un mueble decorativo, superfluo, 
pero representativo. 

Exacto; un mueble de esta clase es el que 
precisamente está haciendo falta en esta 

CaSa. ( Se sienta- en el bureau de la izquierda. ) Y pOT 

eso he mandado á mi hermano Tom y á 
tu primo Dik á Europa, para que me traigan 
un mueble de lujo, con preferencia una 
aristócrata tronada. 

Con la que te casarás si llega á conve- 
nirte. 

( Levantándose sorprendido. ) ¡Casarme! No he pen- 
sado tal cosa; pero quién sabe, porque 



— 9 — 

tratándose de mujeres á veces pierdo los 
papeles. 

Aucia ( Acariciándole. ) Pf esuntuoso, á la vejez vi- 
ruelas... 

Couder Pues mira todavía... todavía... (suena fuerte 

y corto el timbre 'del telefono. ) ¡DUTO! ( Coge el auricu- 
lar. Hablando.) |Ah! eres tú, monina, bueno, 

SÍ, nO taltaré. AdiÓS. ( Deja el auricular. A Alicia. ) 

Toma viruelas. Y adiós, me voy á la Bol- 
sa. ( Mut¡5 foro derecha. ) 
ALICIA Y yO al despacho. ( Mutis lateral derecha. ) 



ESCENA II 

HANS HEINRICH, lateral izquierda. 

Música 



IIans Yo soy Hans Heinrich, 

Barón soy de Schlik, 

mi título es piramidal 

y tengo un castillo famoso en el Rhin 

que data del tiempo feudal. 

Viviendo feliz gastó mi caudal, 

gastando sin ton ni son; 

siguiendo del vicio la huella fatal 

quédeme sin un doblón. 
Al verme caído surgió mi tesón, 
les penas no quise gustar, 
y tras la fortuna y en pos del millón 
América vine á probar. 

Tierra hermosa que yo soñé, 

mírame afanoso 

en ti presuroso; 

quiero ver si podré gozar 

de tus hogares la dulce paz. 
¡Oh fortuna! — ¡Deseada! 
¡Oh fortuna! — ¡Ven á mí! 
Si en la patria me has dejado 
haz que al fin te encuentre aquí. 



- 10 - 

En tus senos amorosos 
gustaré la dulce paz. 
¡Oh fortuna! ¡Oh fortunal 
Ven á mí. Ven ámí. 



Hablado 

Hans El programa ya está casi cumplido; núme- 

ro uno: paseo á caballo con la encantado- 
ra miss Daisy... Sí... este es el punto cul- 
minante; número dos: audiencia con su 
majestad el rey del carbón... Couder; este 
es el punto flaco, y vaya un punto... Se las 
da de excéntrico rodeándose de criados 
aristócratas, á los que trata como lacayos. 
Pero lo que es conmigo no le saldrá bien 
la cuenta; pienso contestar con mi arma 
favorita: la grosería, por algo soy Barón y 
he sido de caballería. Toma, ahí viene el 
saco de carbón. 



ESCENA. 111 



HANS y COUDER, foro derecha. 



COUDER ( Hablando con alguien que está en la antesala. )BÍen,SÍ; 

tú misma puedes arreglarte. 

TIans Buenos días. ¿Deseaba usted verme? 

Couder Yo no deseo nada. Tengo por costumbre 
el ordeno y mando. 

Hans ¿En qué puedo servirle? 

Couder Vuelvo á repetirle, por centésima ve/, qué 
tiene usted la obligación ine-ludible de 
tenerme el estribo para montar á caballo. 

IIans Lo cual es una verdadera necesidad, por- 

que usted es incapaz de montar solo. 

Couder Con sentimiento le he echado á usted de 

menOS. (Miss Daisy ha entrado silenciosamente y se es- 
conde detrás de un escritorio, escuchando la escena. J 



- "11 - 

Hans Siento no poder estar á la recíproca, mi 

respetado amO. ( Dándole un golpecito en la espalda.) 

Couder ( Furioso. ) ¿Qué libertades son éstas, caba- 
llereo? ¿Qué tono emplea usted para ha- 
blarme? 

Hans El buen tono, Couder; la educación que 

nos exige estar al servicio de las damas 
antes que al de los caballeros. He salido á 
caballo con miss Daisy. 

Couder ( Resuelto. ) Si esto vuelve á suceder queda 
despedido. 

Hans ¿Es cosa decidida? 

Couder Es una resolución irrevocable. 

Hans Entonces, mister Couder, volverá á suce- 

der lo mismo mañana y le anuncio que yo, 
el Barón Hans Heinrich von Schlik, no 
servirá hoy en el banquete que celebra 
usted para festejar la llegada de su sobri- 
no y de su hermano, tal como usted ha 
dispuesto, porque me despido. 

Couder ¡Cómo! ¿No quiere usted servir la mesa? 

Hans No. 

Couder ¿Ni aunque doble su sueldo? 

Hans No; «parole d'honneur». 

Couder ¿Y si centuplicara su sueldo? 

Hans Nó; «parole d' honneur», que quiere decir, 

por si usted no lo sabe, palabra de honor, 

Couder ( Furioso.) Ya lo sé. De modo, señor Hans... 
de modo que... 

Hans De modo que... 

Couder De modo que... que haga usted lo que 

quiera. ( Mutis foro derecha.. ) 

Hans ( siguiéndole con ía mirada. ) De modo que mi me- 

dicamento ha hecho su efecto, (ai público. ) 
Recomiendo á ustedes su uso. 



Datsy 



ESCENA IV 

HANS y DAISY 
( Sale riendo de su escondite. ) ¡BraVO, Barón! le 

concedo á usted en prueba de mi admira- 



12 - 



Hans 
Daisy 



Hans 
Daisy 



ción por la victoria obtenida sobre mi tío, 
el derecho á besar mi mano, libre de gas- 
tos. 

( Besándole ia mano. ) Gracias. ¿Está contenta de 
mí, miss Daisy? 

Gomo profesor de equitación, sí; como 
hombre, señor Barón, es usted atrozmente 
grosero. 

Culpa es de mis deberes profesionales. 
Sí, ya lo sé, pero no tanto. 



Música 

Hans Dígame usted, querida miss, 

si soy buen maestro. 
Daisy Sí, sí; en verdad lo afirmo yo. 

Es un talento colosal. 
Hans No se quién lo podrá dudar. 

Soy genio universal. 
Daisy Pero en las lides galantes, 

querido profesor, rudo es usted. 
Saliendo á paseo cabalga con él. 
Trap, trap, orgullosa al mirar. 
En medio del prado detiene al corcel 
ansiosa de platicar. 
Hans Ddtiene el paso su profesor 

rugiendo de indignación; 
riñó á la niña su gracioso ardid. 
Bien va. Perdón. Seguid. 
Perdone mi indiscreción. 
Daisy Cabalgan de nuevo 

más juntos que antes, 
miradas de fuego 
dirígense amantes; 
todo en el campo 
convida al amor... 
Hans Hola, op, dice al profesor. 

Ser rudo me obliga 
el ser buen maestro; 
más luego en el arte 
de amores soy diestro. 
Por lo pasado le pido perdón. 



- 13 



Que galante sabe ser 

al acabar la lección. 
Daisy Al acabarla lección. 

Hans Al acabar la lección. 

Daisy Pruebe que es galante, 

dice al profesor. 
IIans Yo le juro que lo probaré. 

Daisy Quietecito, pollo ¡qué valor! Callad. 

Hans Con las damas siempre lo seré. 

Siguiendo el camino 

detiénense al fin 

y en dulce coloquio de amor. 

El rostro divino 

que tiñe el carmín 

un beso rcbó al temor. 
Daisy Entonces sabe que no es verdad. 

No es rudo su profesor. 

Le espanta luego la soledad. 

Dluyó, con temor, huyó, 

De ruevo triunfó su honor. 
IIans Del campo las flores 

le ofrece galante, 
que prende graciosa 
en su pecho amante. 
Luego la niña 
henchida de amor... 
Daisy Hola, op, dice el profesor. 

no corra usted tanto 

que puede cansarse, 

detenga el caballo, 

no vaya á estrellarse. 

Por lo pasado concedo perdón. 

Mal empieza la lección, 

mi querido profesor. 
Hans Bien empieza la lección. 

Daisy Bien empieza la lección. 

Hans Diga si es galante vuestro profesor. 

Daisy Corre demasiado su corcel. 

Hans Es que lo espolea sin temor ¡piedadl 

Daisy Es virtud saber disimular. 

Hans Debe repetirse la lección de ¡amor! 

Daisy Es muy atrevido el profesor. 



14 - 



Hablado 

Daisy ¿Puedo hacerle una pregunta? (Se sienta en 

uua butaca. ] 

Hans Diga usted. (Apañe. ) Esta chica me va á 

sorber el poco seso que me queda. 

Daisy ( Dudosa y titubeando. ) Vamos á ver... ¿Por qué 

se marchó usted de Europa? 

Hans Pues... por nada... Realmente... por un 

cero. 

Daisy Poca cosa es. 

Hans ( Afligido. ) No lo sabe usted bien. 

Daisy Pero me lo figuro-, se referirá usted á la 

falta de dinero. 

Hans Por ahí, por ahí. Verá usted. Una noche, 

después de una orgía, tentado por la rule- 
ta perdí el dinero y diez mil marcos más, 
que por lo sagrado de la deuda pagué con 
un cheque á favor del príncipe polaco 
Paulos ki; su excelencia el príncipe «tuvo 
á bien» añadir un cero más y yo para pa- 
gar «los cien mil marcos» tuve á bien ven- 
der mis propiedades . 

Daisy Y quedó usted bajo cero. 

Hans Completamente helado: sin blanca, ó lo 

que es lo mismo, como un cero á la iz- 
quierda. 

Daisy ¡Pobre Barón! 

Hans ¡Quiá! Esto ya está olvidado. 

DAISY ( Levantándose le presenta la mano. ) Desgraciado en 

. el juego... bese usted mi mano. 

Hans ¿Puedo hacerle una pregunta, miss Daisy? 

Daisy Diga usted. (Apañe. ) Se me declara. 

Hans ( insinuante. ) Miss Daisy, porqué escoge us- 

ten á ese pobre Hans Heiarich para blanco 
de sus burlas? Comprenda usted que una 
situación así, para usted tan divertida, es 
para mí insostenible. Francamente: yo no 
quisiera ser víctima de un amor desgra- 
ciado. 

Daisy ( Para sí. ) ¡Qué pena me da! (auo y riéndose. ) 



Hans 
Daisy 
Los DOS 



15 



¿Conque es usted también enemigo del 
amor? ¿Le gusta á usted la libertad? Yo 
también deliro por la libertad. La amistad 
debe ser preferida al amor. Detesto á los 
enamorados. Odio á los galanteadores. 
Pienso como usted. ( Dándoieía mano.) Choque 
usted, seremos buenos amigos. 

( Arrodillándose cómicamente. ) JuTO fidelidad. 

(Arrodillándose.) ¡Viva la buena amistad! 
¡Abajo el amor! 



ESCENA V 



Dichos y FREDY WERBURG. FREDY aparece lateral izquierda sorpren- 
diendo á DAISY y HANS arrodillados. 



Fredy Perdón; por lo visto estorbo. ( Hans y Daisy se 

dejan caer de bruces y hacen como si buscasen algo por el 
suelo.) 

Hans ( a Daisy. ) Mi querida miss, me parece que 

corremos un ridículo. 

Daisy Nos hemos metido en un atolladero. 

Hans ¿Metidos? Hundidos, querrá usted decir. 

Fredy ( sondándose.) Siento muchísimo haber dis- 
traído á ustedes. 

HANS ( Como sorprendido. ) ¿Quién? ( Se levanta. Reconocien- 

do á Fredy. ) ¡Mi querido amigo Fredy! ¿Qué 
malos vientos te traen? 

Fredy Pero ¡qué veo! ¡Hans! ¿Tú? 

HANS (A Daisy que se acaba de levantar. ) Perdón, m¡SS . 

( rresentandoá Fredy. ) Fredy Werburg, mi an- 
tiguo amigo y compañero de regimiento. 

Daisy (Sonriendo.) Tengo mucho gusto, mister 

Werburg; nos ha sorprendido usted en 
una situación... que... pero estábamos bus- 
cando un alfiler para mí muy valioso. Un 
recuerdo de mi tatarabuela, que en paz 
descanse. ¿No es verdad, señor Barón? 

Hans Sí; siempre lo llevaba encima la pobrecita. 



16 - 



Fredy ( a Daisy sonriente.) Son muy sagrados los re- 
cuerdos de familia. ¿Quiere usted que les 
ayude? 

Daisy ( con frialdad. ) Muchas gracias, lo dejaremos 
para luego. 

Uans ( a Fredy. ) Bien; cuéntame algo, hombre ¿A 

CJUé haS Venidc? ( Daisy hace la demostración de tirar 
un alfder. ) 

Fredy A buscar un empleo en esta casa. 

ÍIans ¡Tú, mi compañero de penas y fatigas! Te 

doy el pésame. 

Daisy Debo anunciar á mi tío su visita. 

Fredy Si es usted tan amable. 

Daisy ( Marchándose. ) Señores. . . 

Los dos Miss. 

Daisy ¡Ahí Aquí está el alfiler. 

Fredy Me alegro mucho por su tatarabuela. 

DAISY ( Aparte. ) ¡GrOSei'Ote! ( Mutis lateral derecha. ) 

Fredy Te doy mi enhorabuena. Muy bonita y de 
pura raza. 

Uans No gastes bromas pesadas. (Haciéndose eñnte- 

resante. ) Mi alta posición social me impide 
apencar con una simple sobrina de un 
multimillonario. 

Fredy ¿Qué alta posición es la tuya? 

ÍIans Pues un mozo de cuadra; un vulgar profe- 

sor de equitación, ya ves que con estos 
títulos no puedo aspirar á mucho. Todo lo 
más á servir la mesa. Couder otorga estos 
elevados «cargos... honoríficos...» exclu- 
sivamente á los europeos distinguidos. ¿Te 
conviene esto? 

Frpídy No; yo tengo otro objetivo. Pienso casarm; 1 . 
con la hija de Couder. 

ITans (Aparte.) Este está chinado, (auo.) ¿Conoces 

tú á miss Alicia? 

Fredy De vista; pero me gusta mucho. 

Uans (imitándole.) Me gusta mucho. ¿Y á ella y á su 

padre no hay que consultarles, verdad? 

Fredy Todo se andará. Tú ya sabes que mi padre 
es un rico propietario de minas de carbón. 
Quería casarme con una pava llena de mi- 



— 17 — 

llones; pero como á mí no me gustan estas 

aves, ehuequó el ala con el dinero de mi 

difunta madre y me vine á América. 

Bien; y ahora ¿qué? 

Muy sencillo: entro en casa de Gouder, 

competidor de mi padre, en su negocio, 

le dejo maravillado por mis aptitudes, me 

caso con su hija y punto final. 

Sencillísimo; el nuevo César: «veni, vidi, 

vici»; te casas y punto final. Pero oye: 

¿cómo estás de dentadura? 

Bien. 

Falta te hace, porque Alicia es una nuez 

algo dura de cascar. 

Se cascará. 

Buen apetito. (Medio mutis.) Pero oye: ¿eres 

libre? 

¿A qué viene esta pregunta? 

Nada; el recuerdo de Olga, la célebre 

«chanteuse», ¿no estabas tú «in illo tem- 

pore» comprometido con ella? 

Sí; pero aquello ya pasó. Olga está en San 

Petersburgo obteniendo grandes triunfos; 

hay mar por medio. 

Entonces no he dicho nada. Te dejo: voy 

al picadero á domar un potro. 

Dificilillo para tí. 

Sí; pero casi más fácil que cascar nueces. 

(Mutis lateral izquierda.) 



ESCENA VI 



FREDY solo. Se sienta en un sillón rotatorio. 



Siempre el mismo, tan a'egre, tan ligco 
de cascos y tan buen muchacho. ¡Qué lás- 
tima! Yo, en su caso, á estas horas hubiera 
ya pescado á esa simpática Daisy. Si se me 
presentara á mí la ocasión de buscar un 
alfiler, lo encontratía por oculto que estu- 



— 18 - 

viera. Pero, en fin, cada uno á lo suyo y 
yo á mi fin, y mi fin es Alicia, esa nuez 
tan dura de cascar; gracias á que yo tengo 
una dentadura que no me la merezco. 

Música 

Fredy Jamás un tierno potro busqué para montar, 
yo pienso siempre espolear 

indómito corcel. 
Por eso busco en la mujer el brío del amor, 
y pongo á prueba mi valor 
seguro de vencer. 

No se pulsa la lira 

como aquel que suspira; 

yo pongo mi energía 

a prueba cada día, 

y busco mi destino 

por áspero camino. 

Jamás, jamás en el amor 
supe temblar. 

Pero si un día llega 

á amar el corazón 

dirá al ver en sus brazos 

al dueño de su amor: 
Luz celestial de mi querer, 
ha de alegrar tu triste ser, 
y en el azul de tus ojos 
el cielo de mi dicha quiero ver. 
Con ansia loca aguardaré 
el dulce instante que yo soñé, 
y en que el amor hace surgir 

la dicha de vivir. 



Gouder 



ESCENA VII 

FREDY, COUDER y ALICIA, foro derecha. 

Hablado 

(a Anda.) ¡Hola! este debe ser el recomen- 
dado por la casa Waller; probablemente 
algún mendigo. ( a Fredy. ) Oiga. 



— 19 



Fredy ¿Es á mí? 

Couder Sí; con usted hablo. ¿Cómo se llama usted? 

Fredy Fredy Werburg. 

Couder Werburg. 

Alicia ¿De? ¿Barón? ¿Conde? ¿O qué? 

Fredy Lo siento mucho; Werburg á secas. En el 
país de la igualdad... supongo que esto no 
tendrá importancia alguna. 

Couder ( Aparte a Mida. ) Este es un noble que disimu- 
la su alcurnia. Un orgulloso más. 

Alicia (Aparte.) Ya le amansaremos. 

Couder (Aparte.) Ya lo creo. ( a Fredy. ) Aunque te- 
nemos exceso de personal , mi querido 
Werburg, dada la recomendación de la 
casa Waller... haremos un huequecito pa- 
ra usted . 

Fredy Pehs... Aunque no es mi costumbre estar 
de sobra en ninguna parte... como usted 
me ha sido muy recomendado... mi que- 
rido... ¿cómo se llama usted?.. ¡Ah, si! mi 
querido Couder... pues nada, acepto. 

C'OUDEE. ( Para sí. )¡DeSVergOnZado! ( Dirigiéudole una mirada 

furiosa, dice á Alicia aparte. ) ¿Qué tal te parece 

este individuo? Llévale al negociado nú- 
mero catorce; lo demás corre á tu cargo. 

( A Fredy, secamente. ) ¡BuenOS días! 

Fredy ¡Buenos días! 

COUDER (Echa á Fredy una mirada furiosa. ) ¡Aristócrata! 

( Mutis foro derecha.) 

( Alicia se sienta en la mecedora y saca de su petaca un ciga- 
rrillo y fuma. Fredy hace lo propio. ) 

Fredy Por lo que veo el fumar no la molesta. 
Alicia ( A i g0 confusa. ) Sí; quiero decir, no. ( Para s í. ) 
¡Descarado! 

ií REDY (Le ofrece lumbre y enciende después. Irónico. 1 GraCÍ3S. 

ALICIA (Levantándose furiosa y dirigiéndose hacia un escritorio.) 

No hay de qué. 

r REDY { Señalando al sillón rotatorio, Alicia se sienta encima del es 

critorio con los pies sobre el sillón. Fredy se sienta en la me- 
cedora. ) Bueno. ( se sienta. ) Usted dirá. 

Alicia Como ya le ha indicado papá, no nos hace 



— 20 — 

falta personal, y mucho menos señoritos 
como usted. 

FREDY (Con entonación. ) Gr3CÍaS. 

Alicia ( con entonación. ) No hay de qué; igualmente. 
Y como no hacen falta aptitudes especia- 
les, lo único que desea mi papá es que el 
personal tenga un exterior agradable, algo 
así como decorativo... y lo más distingui- 
do posible. 

Fredy Su papá es muy amable. 

Alicia Así, pues, me permitirá usted que le exa- 
mine escrupulosamente. 

Fredy Estoy á sus órdenes. 



Música 

Alicia Para servir en nuestra casa 

según exige mi papá, 

hay que sufrir un previo examen, 

y ahora usted lo sufrirá. 
Fredy Estoy desde luego dispuesto; 

la práctica es original. 

Ya puede empezar el examen; 

estoy á sus órdenes ya. 
Alicia ¡De frente! ¡Me gusta, no va mal! 

¡Perfil! ¡Me gusta! 
Fredy Gracias mil. Buen mozo soy, 

fíjese usted, de la cabeza hasta los pies. 
Alicia ¿Garáctei? 
Fredy No he de contestar. 

usted lo debe adivinar. 
Alicia Lo sabré. Jamás me equivoco. 

Lo sabré. Jamás me equivoqué. 

La cabeza bien demuestra 

presunción y terquedad, 

y por ella se adivina 

falta de formalidad. 

Un carácter siempre amigo 

la contraria ha de llevar; 

en sus ojos se evidencia 

que además es un pillin. 



— 21 — 



Fredy (Te aseguro que muy pronto 
me creerás un serafín). 

Alicia Al fin es como todos, 
es fuerza igual pensar. 

Fredy ¿Qué piensa, señorita? 
Conteste sin tardar. 

Alicia La, la, la mmm. ( Munnuiio con ta 

boca cerrada ). 

Fredy Mm. La, la, la. 

Para servir en una casa, 
patrona tengo que buscar 
que no entusiasme por lo bella, 
porque distrae el trabajar. 

Alicia Estoy desde luego dispuesta. 
la práctica es original, 
y fíjese con detención 

si sirvo yo 
para ser su principal. 

Fredy De frente, hombruna. 

Alicia No va mal. 

Fredy Perfil, grosero. 

Alicia Gracias mil. 

La dentadura es de marfil, 
fíjese usted, fíjese usted. 

Fredy ¿Carácter? 

Alicia No he de contestar, 

usted lo debe adivinar. 

Fredy Lo sé. Jamás me equivoqué. 
Jamás me equivoqué. 
En su cara se revela 
sequedad de corazón. 
Orgullosa, impertinente 
y de instinto bravucón; 
extravagante, coqueta, 
incapaz de una pasión. 
En el brillo de sus ojos 
la malicia clara es. 

Alicia En el brillo de mis ojos 
la malicia quiere ver. 

Fredy Al fin es como todas; 
no tiene corazón. 



— 22 — 

Alicia Así lo dicen ellos: 
nos falta corazón. 
Fredy Um. La, la, la. 
Alicia Um. La, la, la. 

( Alicia y Fredy desaparecen al terminar el número de música, por 
el foro izquierda. ) 



ESCENA VIII 

OLGA, D1K y TOM, lateral izquierda. 

Música 

Olga Hip, hip, voilá. 

los tres aquí llegamos juntos de París. 
Dik Hip, hip, voilá, 

con este bibelote adquirido allí. 
Tom Hip, hip, voilá, 

encargo de mi hermano que es quien lo pagó 
Todos Europa nos entusiasmó, 

qué bien se vive allí. 
Olga Yo de mi Europa traigo aquí 

coquetería, gracia y chic. 
Dik Yo afirmo siempre sin dudar. 
Tom Que es bella sin par. 
Olga De la fortuna vengo en pos 
bien instruida por los dos. 
Dik Es un encanto esta mujer. 
Todos ¡Conviene listo ser! 

Un cargo me proponen 
de mucha utilidad, 
y aquí he de ser Condesa 
y á Couder embaucar. 
Hay que reir, 
la vida hay que 'vivir. 
Feliz seré, 
la pena alejaré 
y en el festín 
de amor tendré mi fin, 
porque la vida es ilusión 
y es fuerza disfrutar. 



Preciso es disfrutar, 
pues vida es ilusión, 
tarala-la-la, etc. 
Porque la vida es ilusión: 
hay que vivir, hay que gozar. 



Hablado 

Ahora lo más urgente es conocer á tu tío. 
¡Me da miedo!., 

¿Miedo tú, la «chanteuse» más atrevida 
del orbe? 

En fin, veremos. Déjame que recuerde mi 
lección. Desde hoy dejo de ser Olga la 
echanteuse». Ya soy Condesa; soy la Con- 
desa Olga Privierkoska (Saluda), viuda de 
un feld- mariscal. 

Perfectamente. Veremos si te portas como 
tal. Acuérdate que debes presentarte con 

gran prOSOpOpeya. ( Saludando cómicamente. ) 

Descuida. Con vuestro permiso voy á mi 
ctoilette». La «chanteuse» volverá conver- 
tida en Condesa. ( Mutis lateral izquierda. ) 



ESCENA IX 

TOM y DIKj después COUDER. 

Has tenido una gran idea. Olga hará su 
papel á las mil maravillas. 
No lo dudes. 

Olga será una Condesa del «Moulin - Rou- 
ge». 

No lo creas: como buena artista represen- 
tará bien su papel. 
¿Y si tu tío descubre la trampa? 
¡Qué va á descubrir! Poco conoces á Olga. 
La mujer que ha engañado á la mitad del 
viejo mundo, no va á quedar mal delante 
de mi tío. 



- 24 



COUDER ( Foro derecha, abrazándoles. ) ¡Sobrino de mi alma, 

querido hermano! ¿Cómo estáis? 

Dik ( Dándole en ud hombro.) «¡Gharmant!» 

Tom ( ei mismo juego. ) « ¡Perfetmenl! » 

Gouder ( ei mismo juego á los dos. ) «¡Avant!» y sosegaos. 

Dik «¡Pardon!» Esta clase de saludos es co- 

rriente en Europa. 

GOUDER SentaOS. ( Se sientan los tres, Couder en medio. ) 

Dik ( Sentándose. ) «¡Pardon!» 

TOM ( Se sienta y estornuda. )A.tXÍSl 

Gouder Bien, explicaos. 

Dik ¡Oh, Europa! 

Tom ¡Oh, la vieja Europa! 

Dik ¡Oh París! 

Tom ¡Oh, el alegre París! 

( Durante este juego, á cada frase dan un golpe en la pierna 
de Couder: este no hace más que volver la cabeza de un lado 
á otro. ) 

Gouder ¡Oh, mis piernas. 
Dik «¡Pardon!» Costumbres de Europa. 

Tom De Europa... 

Gouder Sí, sí, de Europa, de Europa. ¿Qué me 
traéis de Europa? 

( Tom saca una petaca y ofrece un cigarro á Couder y otro á 
Dik: éste saca cerillas y ofrece una á Couder y otra á Tom. 
Couder, ya molesto, se levanta rápidamente, abre el cajón de 
la mesa y saca tres boquillas, y cómicamente les da una á cada 
uno y fuman. ) 

Dik Querido tío, hemos cumplido tu encargo. 

Tom Tu verdadero ideal. 

Dik Una ama de llaves hasta allí. 

( Echando una bocanada de humo y señalando con el dedo la 
espiral de humo que Couder contempla, ) 

Tom Hasta allí. 

Dik Una linajuda dama de la más rancia aris- 

tocracia. 

GOUDER ( Interesándose. ) Sí. . . 

Tom «¡Chantiily!» 

Dik La condesa Privier... 

Tom Koska. 

Dik El nombre es algo difícil de pronunciar, 

pero ella es de primísimo cartello en todos 

sentidos. 



25 — 



COUDER 

Tom 

DlK 

Tom 
Dik 

Tom 

COUDER 

Tom 

Dik 
Tom 

Dik 

Tom 
Gouder 
Dik 
Tom 

Gouder 



Alguna vieja. 
«Jeune filie». 

«Tres jolies», la señora Condesa, viuda del 
feld-mariscal Privier... 
Koska. 

Es una joven encantadora, de una belleza 
extraordinaria. 
De porte distinguidísimo. 
¿Es guapa, es guapa? 

En el azul de sus ojos se refleja la poesía 
de la estepa. 

Sus labios son claveles de España. 
Cuerpo de circasiana, que une á la elegan- 
cia inglesa el chic de la parisién. 
¡Su abolengo arranca de un feroz caudillo 
polaco. 

¡Nieta de cien reyes! ( con énfasis. ) 
¡Dios miol ¡Cuántos abuelos' 
«¡Charraant!» (Golpe.) 

«Tres jolies». (Golpe.) Costumbre de Eu- 
ropa. 

(Abriendo los brazos les hace caer. Levantándoles.) COS- 

tumbres yankis. 



ESCENA X 

Dichos OLGA, después ALICIA y DAISY, lateral izquierda. 



Olga ( viendo á couder. ) ¡Oh!, perdón, mister. 

Dik ¿Me permite usted, señora Condesa? 

( Presentando. ) Mi tío, mister Couder. 

Couder ( Apañe. ) ¡Hermosísima! 

Dik Tío, la señora condesa Privi-er-koska. 

Olga Mister... 

Couder Señora Condesa ( Se dan ia mano. ) Tengo mu- 
chísimo gUStO ( Aparte. ) ¡Qué guapa! ( Alto. ) 

en conocerla, y espero que en esta su ca- 
sa ( Apañe. ) Me parece que soy demasiado 
galante ( Alto y enérgico. ) En esta mi casa quien 
manda, manda y cartuchera en el cañón. 



- 26 



Olga Corresponderé en todo y sabré hacer cum- 

plir vuestras órdenes y vuestro lema 
«Quien manda, manda». 

Couder Y quien manda aquí soy yo. (Aparte.) Es, 
efectivamente, una belleza extraordinaria; 
la estepa... claveles... caudillo polaco... 
cien reyes... 

( Mientras Couder dice este aparte, Olga, Tom y Dik, aproxi- 
mando las cabezas, cuchichean, sobresaltándose cada vez que 
que Couder vuelve la suya. ) 
OLGA ( Zalamera y coqueta aproxímase á Couder. ) M ister COU- 

der, ya nos entenderemos, ¿no es verdad? 
Couder ( vencido. ) Naturalmente. ( Reponiéndose. ) Quise 
decir. (.Serio. ) No. 

( Aparecen primero Daisy, después Alicia; Dik abraza á Daisy 
y la empuja á los brazos de Tom. Lo mismo hacen con Alicia. 
Mientras tanto Olga, haciendo monerías, habla á Couder que 
suda la gota gorda. ) 

Alicia Por fin otra vez en illa, señores desertores. 

Daisy Cuéntennos algo de Europa. 

Dik Encantador. Las mujeres deliciosas; los 

hombres «smart». 

Alicia ¡Los hombres! Los hombres de Europa son 
repugnantes. 

Daisy Pues á mí me gustan mucho. Son encanta- 
dores. 

Olga Pues yo los encuentro encantadoramente 

repugnantes. ( Reparando en las dos niñas. ) ¡Ah, 

«pardon»! 
Couder ¿Me permite usted, Condesa? Mi hija Ali- 
cia... Mi sobrina Daisy... Y ésta, queridas 

miaS, eS la Condesa... (Queriendo recordar y muy 

cómico. ) Pri... Pri... 

Olga No se destroce usted la lengua. Privier- 

koska. 

Couder La Condesa: ( suelta un camelo. ) nuestra ama 
de llaves. 

Daisy ( Aparte á Alicia.) ¡Condesa! No lo creo. 

Alicia (a Daisy. ) En una palabra: (Despreciativa. ) Eu- 
ropa. 

Olga ( Para sí. ) Me parece que mi presentación 

no ha sido «epatant». 



- 27 - 

Couder ( Con zalamería á oiga. ) ¿Me permite usted, Con- 
desa? ( Serio. ) Voy á dar posesión á usted 
de su nuevo, honroso y elevado cargo. 

( Couder toca un timbre y aparece un criado á quien da ór- 
denes. ) 

Alicia Europa... Europa... 

Daisy No le veo el condado por ninguna parte. 



Música 

Couder Yo de esta casa soy el principal. 
¡Lo soy! 
Yo mando todo el personal. 
Y aquí os presento la señora que 
mis intereses cuidará con fe. 
Olga Muy complacida, noble caballero 
corresponderos en todo yo espero. 
Sus intereses quiero defender 
y vuestra confianza merecer 
y agradecer. 
Couder Encantadora, dora, dora, 
es seductora, dora, dora. 

Seré feliz. 
Es intachable, able, able, 
y respetable, able, able. 
Seré feliz. 
O. T. D. Será feliz. 

¡Pobre infelizl 
Olga A este le chiflo, chiflo, chiflo 
si no me engaño, gaño, gaño 

le pescaré. 
Con su dinero, ñero, ñero 
ser rica espero, pero, pero. 
¡Pobre infelizl 
Le pescaré. 
O. T. D. ¡Qué tonto es! 

Couder ¡Qué hermosa es! 

Conveniente es cerciorarse 
cuando quiere uno casarse, 
pues ya dicen que los viejos 
vamos siendo más pellejos. 
Olga es bella y seductora, 



- 28 - 



se elegancia me enamora. 
Soy un gran admirador 
y rendido adorador. 
Usted manda siempre en mí. 
(Hay que tener valor.) 
Olga. En esta casa, moradores amables, 
la forastera os agradece 
distinción que no merece 
y os devuelve los honores 
de tan exquisita amabilidad. 
Muy complacida, 
caballeros. 
Mister Gouder, 
gracias mil. 
¡Ah! 
Alicia Es original. 
Daisy No me gusta á mí. 
Alicia Ni á mí. 
Daisy Baila muy mal. 
A. D. T. D. Esta Condesa 
mucho interesa 
á mi papá. 
Aunque él es listo 
por darse pisto 
al fin caerá. 
Gouder Feliz seré. 
Olga Le pescaré. 
Todos ¡Ah! ¡Ah! [Ah! 
Coro De ser llamados 
aquí, señor, 
las dependencias 
tienen el honor. 
Qué es lo que quiere 
vengo á saber 
y diligente 
á obedecer. 
Couder La dama que os presento 
desde ahora, 
del personal el jefe 

debe ser. 
La dependencia entiende 
que es señora 



29 





que abona con su alcurnia 




su valer. 


Alicia 


¡Papá! 


Dais y 


Tiíto, precaución. 


Alicia 


No alabo tu elección. 


Gouder 


¿Queréis callar? 




Señora es de reputación. 


A. D. 


Muchas veces, muchas veces 




la mujer suele engañar; 




se presenta, se presenta 




en ei mundo con disfraz, 




y en Europa, y en Europa 




tan frecuente el caso es 




que en un carnaval perpetuo 




vive la mujer. 


Coro 


Muchas veces, etc. 


Gouder 


El barón Hans Heinrich y 




este es el señor... 




¿cómo se llamará éste? 


Hans 


¡Es Olga! 


Fredy 


]Es Olga! 




¿á qué vendrá? 




Recuerdos de otro tiempo 




conviéneme olvidar. 


Gouder 


¿Conoce usted á los dos? 


Olga 


Sí, tal. 




Hace tiempo que les conocí. 


Alicia. 


¿En que país fué? 


Olga 


Fué en Berlín 


Hans 


En Ghatelet. 


Fredy 


En Chez Maxim. 


Gouder 


En esta casa será la Condesa, 




del personal 




desde hoy el jefe. 


Olga 


¿Tú, Fredy, aquí? 




¡Oh, qué placer yo siento 




al verte junto á mí! 


Fredy 


Disimulad. 


Olga 


Prudente soy. 




Yo callaré. 


A. D. 


Que se conocen 




bien se vé, 



30 — 



pues su interés 

bien claro está. 
Couder ¿A. quién mira usted? 
Olga Dispense, señor, 

no sé qué miré. 

Tendré valor. 

Es cosa ya probada 

y á más asegurada 

mi noble distinción 

y mi alta posición. 
Coro Su noble distinción. 
Hans Sí, sí, bailando así, 

la conocí al bailar 

en los salones regios de Berlín. 
Fredy ¡Oh, que alegría da 

al recordar aquí 

aquellos bailes regios de Berlín! 
Daisy Sería el traje encantador, 

las joyas de valor. 
Alicia Yo sé también que el mismo Moltke 

su toilette alabó. 
Dik El mismo Kaiser la invitó 

y con ella bailó. 
Tom Se puede todo asegurar, 

pues yo les vi bailar. 
Todos Sí, sí, bailando así, etc. 
Olga Venga champagne, venga champagne 

y vamos todos á brindar. 

Con mister Couder quiero yo 

la fiesta principiar. 
Couder Es raro el caso. 

Baber champagne. 

¡Venga champagne! 

¡¡Venga champagne!! 
Todos Brindemos todos. 

Venga champagne. 
Fredy Oh, miss Alicia, 

acepte usted 

el néctar espumoso 

y admire yo su bello rostro. 

¡Flor bella!... 

¡Mi cielo!,.. 



— 31 - 

Alicia Es pretensión original 
y atrevimiento es: 
no cabe duda que el champagne 
le ha mareado á usted. 
Su altivez quiero humillar, 
con igual facilidad 
que la copa que me ofrece 
por el suelo rodará. 

No me vengas con cursilerías 
que no estoy yo para tonterías, 
que yo estoy, que yo estoy por el metal, 
¡Áh, él es miideall 
Fredy Muy malos consejeros 
sus celos siempre son. 
Alicia No sea usted grosero, 
no admito su lección. 
Fredy Bailemos, pues; bailemos, pues, 

el wals, el baile del amor. 
Olga Dejemos paso al buen humor. 
Bebed champagne, rico licor. 
Todos Hayquereir, 

la vida hay que vivir. 
Feliz seré, la pena alejaré. 
Y en el festín 
de amor tendré mi fio. 
Porque la vidaes ilusión, 
y es vida disfrutar; 
preciso es disfrutar, 
pues vida es ilusión. 



FIN DEL ACTO PRIMERO 



JLCTO SEGUNDO 



Elegante invernadero en el parque y palacio de Couder; al fondo una pequeña 
terraza, adornada con macetas de llores de varias clases, 

ESCENA I 

OLGA y coro de COSACAS. 



música 

Cosacas De los países del Volga 
las cosacas aquí están. 
La bella condesa Olga 
es su bravo capitán, 
y al llegar, como ven, 
en formación, gustará, 

sin duda, 
nuestro batallón. 

Olga Aquí está, 

vedle ya. 
El bravo capitán 
aquí está. 

Coro Vedle ya, 

nuestro capitán. 

Una troupe más ligera 

nunca el Volga conoció. 

Olga Miró usted. 

Coro Qué elegante es. 

Olga Vea pues. 

Coro Si mesientabien. 

Olga No hay igual. 

Coro Vale un dineral. 



- 33 - 

Olga. Gustará. 

Coro Pues claro está. 

Olga Esos trajes elegantes 

les resultan excitantes. 

Los que aquí mirando están, 

qué maliciosos serán. 
Coro Con la falda así cortita 

lo pasarán muy mal. 

No se cansen en mirar 

que todo eso es natural. 
Olga No se cansen en mirar 

que todo eso es natural. 
Coro Las hijas del estepa 

á gala tienen mostrar 

sus gracias naturales 

tan sólo por agradar. 
Olga Si; el traje que ellas visten 

es algo original. 

No se alarmen, caballeros, 

porque es traje nacional. 

( Las Cosacas hacen mulis foro. ) 



ESCENA II 

OLGA, TOM y DIK, furo. 

Hablado 

Dik Todo esto va muy bien; pero he notado 

que me tratas con frialdad. 

Olga Ahí verá usted. 

Tom ¿También de usted? 

Olga El segundo de abordo. Sí; sí, señores: de 

ustedes. Es necesario que no olviden que 
pertenezco á la alta sociedad... 

Djk Es necesario que no olvides que á noso- 

tros, á mí, me debes, tu porvenir y tu pre- 
sente. 

Olga ( Riendo. ) A la buena sociedad yanki. 

Dik De la que te puedo echar en el acto con 

sólo decir una palabra. 



— 34 - 

Olga ( Riendo. ) Mi nobleza es de rancia estofa. 

Tom Si fueras noble nos pagarías mejor. 

Olga ¿También usted, «mon peti chien»? ¿Tam- 

bién usted, á pesar de su experiencia, ha- 
ce coro á este presuntuoso? Pues contra 
los dos. Yo sola me basto. Me han hecho 
ustedes Condesa y ¡viuda! Pues para uste- 
des esto soy. La señora Condesa viuda del 
feld mariscal Previ-ver- kos-ka. 

Dik ¿Qué tiene que ver eso para que me ame&? 

Olga ¡Alto, caballero! 

Tom Cumple lo convenido. 

Olga ¡Groseros! Ni... eso... (Esto io dice haciendo un 

mutis picaresco. Tom y Dik se miran estupefactos ) 



ESCENA III 

TOM y DIK 

Tom ¿Qué te parece? ¡Anda! Toma condado y 

toma modales rusos. Esta si que es de 
abrigo. 

Dik Pues á mí me ha dejado frío. 

Tom No, la verdad, ya en el terreno que se han 

colocado las cosas, vista su oposición, me 
parece que no debemos insistir. 

Dik De ninguna manera. ¿Voy á dejar el 

campo libre á Werburg? 

Tom ¿Pero Werburg la corteja? 

Dik Mucho peor. Ella es la que está enamo- 

rada. 

Tom jVayaun chico con suerte! Llega y parece 

que Olga ha llegado también á propósito 
para él. 

Dik Para él lo que va á llegar va á ser mi 

puño. ¡Me las pagará! 

Tom Pues no te digo nada de Alicia. 

Dik ¡Oh, pero Alicia! 

Tom Ya lo creo. Le ha nombrado su secretario 

particular. 



— 35 — 

¿Secretario? Limpia botas, es lo que debe- 
ría ser. 

¿Por qué no se lo dices? 
Selodiié.. eso y mucho masen cuanto 
la vea. 

Estaré al cuidado por si os enredáis de pa- 
labras. 

Si, porque sentiría hacerle daño. 
No, si se callará; seguro se callará. (Ríe có- 
micamente.) 



ESCENA IV 

DIK, TOM, ALICIA y FREDY, lateral izquierda. 



Fredy 
Djk 



¿Cómo no habéis venido'/ Os. esperábamos 
en el campo de Tennis. 
( Seco. ) Estábamos ocupados. 
( Aparte á Dik. ) Ahí le tienes. 
Ahora mismo verás. (AFredy. ) Caballero... 
Caballero... 

¿Qué le parecen á usted mis zapatos 1 ? 
¡Soberbios pies! Un cuarenta y seis lo me- 
nos. 

( Aparte. ) Le pega. ( Ríe.) 

( Algo corrido. ) ¿No le parece á usted que no 
están del todo limpios? 
Efectivamente. Algo marranos están; pero, 
en fin, yo... 

( Aparte. ) Le pega . ( Ríe más. ) 

Yo creo que les taita brillo. 
¿Sabe usted, por casualidad, cémo han 
de limpiarse Jos zapatos para que brillen 
mucho? 

( Seco. ) No puedo servirle en esto. 
El zapato, para que brille y para que usted 
lo sepa, hay que humedecerlo primera- 
mente con agua templada, secarlo, darle 
después una mano de ghcerina, secarlo y 
una vez en la horma... 



- 36 — 

Fredy ¡Magnífico! ( Resucito. ) Usted ha nacido para 
limpiabotas. 

DlK ( Descompuesto. Tom suelta el trapo. ) La horma yO 

queiía... vamos... que... ( se limpia el sudor. ) 

X0M ( Coge á Dik por la solapa y hacen mutis lateral derecha, di-- 

ciendo: ) Si, te has encontrado con las hor- 
mas de tus zapatos. ¡Chico, has estado pi- 
ramidal! 



ESCENA V 

FREDY y ALICIA 



ALICIA ( Recostada en una mecedora. ) No debe USted tO- 

mar en serio á mi primo. 

Fredy De ninguna manera. 

Alicia Está visto que el infeliz ha perdido sus 
buenos modales en Europa. 

Fredy ¡Doy á usted las gracias en nombre del 
viejo mundo. ( Bausa. ) Tiene usted algo más 
que comunicarme, (saludando. ) ¿Me permite 
usted que me retire? 

Alicia Me ataca usted los nervios, Werburg; es 
usted un hombre inaguantable. 

Fredy ¿Por qué? 

Alicia Lo demuestra usted en todos sus actos. 

Fredy Al parecer se ocupa usted mucho de mi. 

Alicia ( se levanta. ) ¿Lo ve usted? Tiene usted un 
modo de darse importancia, que cree us- 
ted saber siempre las cosas mejor que na- 
die. 

Fredy Mejor que usted, siempre. Es la superio- 
ridad de la inteligencia masculina. Un 
ejemplo: usted cree jugar perfectamente 
al «tennis» y en realidad lo hace usted re- 
matadamente mal. 

Alicia Es que tiene usted un modo de tirar la 
pelota... 

Fredy Enérgico, ¿verdad? ( Pausa. ) Vaya, vaya, 
conque insoportable ¡eh! ( Pausa. ) Qué bien 



le sienta á usted el acaloramiento... Está 

USted Sudando. ( Hace demostración de querer arrebu- 
jarla en su makferland.) 

Alicia. No, eso no; de ninguna manera. 

Fredy ( Enérgico. ) Digo que suda usted. Permítame. 

(Le ayuda á ponerse el abrigo, se lo ajusta con movimiento 
resuelto. Alicia está vuelta de espaldas. Después Fredy pasa 
coa mimo, por el talle de Alicia y murmura. ( Aparte. ) 

(¡Qué hermosa está!) 
Alicia ¿Ha concluido usted? 
Fredy No; todavía hay aquí mucha corriente. 
Alicia No la noto. 

FREDY ( Enérgico. ) Pues yO SÍ. ( Saca un pañuelo de seda con 

el que envuelve la cabeza de Alicia , haciendo con las puntas 
una lazada muy artística; la empuja con dos dedos hasta sen- 
tarla en la mecedora. ) Ahora siéntese, mi queri- 
da muñequita. Así, abrigadita y quietecita 
para evitar un resfriado que siempre mo- 
lesta. 

Alicia Hay hombres que molestan más. 

Fredy Bueno. Con su permiso voy á hacer mi toi- 
lette. 

Alicia Tiene usted tiempo sobrado de ponerse 
guapo para agradar á la condesa Oiga... ó 
Jo que sea. 

FREDY ( Riendo. ) Con SU permiSO. ( Medio mutis. ) 

Alicia ¿Es cierto, señor Werburg, que ha baila- 
do usted con ella en el palacio de los Za- 
res? 

Fredy ( Aparte. ) ¡Hola! (auo.) ¡Naturalmente! Co- 
nozco á la condesa de muchísimo tiempo. 

Alicia (Riendo. ) ¡Ejém! 

Fredy He sido un gran amigo de su esposo, el 
feld mariscal. 

Alicia ¡Ejém! ¡Ejém! 

Fredy ¿Se ha resfriado usted? 

Alicia Un poco. Y diga usted: ¿En qué concepto 
la tenían? 

Fredy ¡Excelente! Era la flor preferida. Por qué, 
no sé; pero O'ga indudablemente tiene 
algo... 

Alicia Que parece ser del agrado de usted. 



- 38 — 

Fredy (sonde.) En fin: celebro mucho que se in- 
terese usted tanto por la vida amorosa de 
su secretario particular. 

Alicia Interesarme... Nada de eso. Lo pregunto 
así sencillamente... 

Fredy Claro está; así... sencillamente. ¿Me per- 
mite USted? ( Con indicación de marcharse. ) 

ALICIA (Se ha levantado y se quita el malcferland y el pañuelo.) 

( Aparte. ) Tenemos que despachar la corres- 
pondencia. 

Fredy A sus órdenes. Primero es el negocio. 

Alicia Nada de negocio: ( con retintín. ) Es cosa pri- 
vada. Toque usted el timbre. ( Fredy toca ei 
timbre y sale un criado. ) La máquina de escribir. 

(Dos criados traen una pequeña mesita sobre la que hay una 
máquina de escribir, y un tercer criado saca el sillón corres- 
pondiente. ) Siéntese usted , señor secretario. 

[ Fredy prueba la máquina. ) ¿EiStá; 
FfíEDY Cuando USted gUSte. (Alicia toma una silla y se 

acerca á la mesa donde está la máquina.) 



iiesica 



Alicia 



Fredy 



Alicia 
Fredy 
Alicia 

Fredy 

Alicia 
Fredy 
Alicia 

Fredy 



Prepare usted la máquina, 

tenga tacto y discreción 

porque la carta es grave. 

Sí, discreción; esto es muy natural: 

sabré cumplir con mi deber, 

á mí me es todo igual. 

¡Igual! Pues vamos á empezar. 

Ya puede usted dictar. 

¿Cuándo nos casaremos? di, 

querido Salvador. 

Querido Salvador. 

Pues no comienza mal. 

(Rabiando está.) 

(¿Qué pensará?) 

En nuestro amor pensando 

paso el día feliz. 

(De poesía no está mal.) 

Mucho cuidado miss. 



Alicia ¿Terminó? 
Fredy Hago punto. 

Permítame, Alicia: un consejo he de darle: 

del hombre no hay que fiar. 

Alicia Si quiero pensar en un hombre y amarle, 
¿qué puede á nadie importar? 

Fredy Si cree prudente la carta romper, 

ó quiere romper el papel, 

lo que usted disponga con gustohe de hacer 
Alicia ¡Oh, nunca! No puede ser... 

Pudiera yo decirle que le adoro. 

¡Ah! no podré, no podré ser feliz. 

Prefiero ser en mi amor despreciada 

que humillarme mendigando amor. 

¡Corazón que ocultas tus cuitas 

sé el arcano de tu sentir! 
Fredy Corazón ¿por qué me atormentas?... 
Alicia ¡Yo su orgullo venceré! 
Fredy ¡Su altivez humillaré! 
Los dos Prefiero ser, etc. 
Alicía Werburg, el lazo se me desató. 
Fredy ¡Qué pie tan lindo tiene usted! 

(Intencionadamente fué.) 
Alicia (Ya te lo contaré.) 

Calmoso es. No se distrajo. 

¡Qué modo de apretar! 
Fredy Bien: ya el lazo está. 
Alicia En él cayó. 

Cuando usted quiera dictaió. 
Fredy Ya puede usted dictar. 
Alicia Yo siento celos de mi amor, 

siento celos de tí. 
Fredy Mi amor, siento celos de tí. 

(No se puede seguir.) 
Alicia Se disparó. 
Fredy Sin compasión me hace sufrir. 
Alicia Sin duda esta carta le pone á rabiar. 

No puede la causa acertar. 

Fredy Juguete de damas no he sido jamá«; 
lo que usted dictó no es verdad. 



- 40 — 

Alicia Si es que le molesta no la mandaré; 

su gusto con gusto he de hacer; 

mas diga la causa de su proceder. 
Fredy ¡Oh, nunca! no puede ser. 

Pudiera yo decirle, etc. 

(Al terminar el número, Alicia y Fjédy desaparecen foro 
derecha.) 



ESCENA VI 

COUDER, DIK. y TOM; después ALICIA y DAISY. Aparece Couder entre 
Dik y Tom, que le traen del bracete. 



Hablado 

Couder ( Muy alegre. ) Como os iba diciendo, me en- 
cuentro, desde hace algún tiempo, tan 
fresco, tan ágil, tan emprendedor, tan elás- 
tico ( Hace movimientos gimnásticos. ) flUP... 

Tom Eso es la levadura europea que nos hemos 

traído nosotros. 
Dik Sin duda alguna. 

Couder ¿Les parece á ustedes que nos fumemos 

ahora un buen cigarro? (ofrece á Dik y á Tom 

unos grandes habanos que saca de su petaca. Tom prepara las 
sillas, indicando á Couder que se siente en la de enm dio; 
.pero Coudtrse acuerda de lo de antes y se aparta de los dos 
un largo trecho.) Dame lumbre, Chiquillo. (A Dik. 

Se sientan los tres. ) Aroma exquisito. ¿Verdad? 

Dik ¡Exquisitísimo! 

Tom ¡Piramidal! ( Pausa. ) 

Djk Oye tiíto. ( Pausa. ) ¿Para qué nuevo chan- 

chullo tratas de conquistarnos? 

Couder (Turbado. ) He decidido celebrar un consejo 
de familia para exponer mis planes para el 
porvenir. También he mandado llamar á 
Alicia y Daisy. (viéndolas. ) que ya están 
aquí. 

Alicia ¿Nos llamabas papá? 

COUDER ( Levantándose ofrece el brazo á Alicia y á Daisy y las acom- 

paña á sus asientos. ) Hijas mías, vamosá char- 
lar un ratito. ( Se limpia ei sudor. ) Queridos 



- 41 - 



míos... ( se suena. ) El hombre es hijo de las 
circunstancias: (Se estira íospuños. ) lo que no 
pasa en un año pasa en un día. (se seca ia 
calva con un pañuelo. ) El sol sale para todos, y 
como conclusión, ya habréis observado 
que, desde hace algún tiempo, estoy ágil, 
robusto, muy ágil, muy robusto, me sien- 
to con fuerza... 

Alicia Mira, papá, no te pongas pesado: lo que 
tú quieres es casarte. 

Couder Yo... 

Alicia Sí, tú; con la condesa Privieikoski. 

Dik ¡Qué disparate! 

Couder ¿Por qué? 

Tom ( a Dik. ) Calla. 

Couder Vosotros la habéis traído. La condesa viu- 
da del feld • mariscal (un camela. ) esa... la 
que tiene los ojos azules y la poesía de la 
estepa, es hermosa y distinguida; tampoco 
es pobre, grandes propiedades en Moskou, 
es de la nobleza más rancia de Europa. 

Dik Sí; pero... 

Tom Calla. Se lo quitaremos de la cab3za. 

( Dik y Tom se han levantado. Dik y Tom discuten; Daisy se 
se desliza a su tiempo. ) 

Alicia Si no es más que eso, papá, te doy la en- 
horabuena; en cuanto á que la condesa y 
yo simpaticemos... 

Couder Sí, comprendo; y mira, Alicia, lo mejor 
sería que te casaras tú antes que yo. Ya sé 
que tú no das importancia á estas peque- 
ñas formalidades. 

ALICIA ( Ha quedado un momento perpleja como iluminada por una 

inspiración. ) ¿Cuándo y con quién? 

Couder ( a Da¡ sy . ) ¿Pero tú qué es lo que quieres? 

Daisy Pues. . . yo. . nada. . . 

Couder ( a Alicia. ) Con quien quieras y cuanto más 
pronto mejor; esta misma noche podrían 
pedir tu mano, tienes donde elegir: Ilans 
Pearson, el rey del cobre. Longfiels, el 
rey de la madera. Ilarrison, mi amigo Hi- 
rrison, el rey del bacalao. La casa Rckefe- 



- 42 - 



11er... Si quieres, lo resuelvo inmediata- 
mente por teléfono. 

ALICIA ( Levantándoselo mismo que Couder. ) No, gracias, nO 

quiero casarme ni con ninguna casa ni 
con ningún rey. ¿Puedo, en verdad, ele- 
gir libremente? 

Couder Claro. Pero aprisa , pronto , eléctrica- 
mente. 

Alicia Pues entonces lo que más me divertiría 
sería casarme con mister Werburg. 

CouDEn Werburg... Werburg... jAk! sí... esií era- 
pleadillo, tu secretario. «Allrigt». Conce- 
dido: esta misma noche te tomas los dichos. 

(Daisy rodea constantemente á Couder muy amable y za'ame- 
ra, estirándole las mangas del frac, etc. ) 

Couder (impaciente. ) ¿Qué es lo que te pasa, chiqui- 
lla? 

Daisy Nada... nada... Quería preguntar si sabe 
algo de ese mister Werburg. 

Alicia (Natural. ) Nada absolutamente. 

Couder ¿Para qué? ¡Qué tontería! Un pelagatos 
como él se permitiría poner reparos... 

Alicia Estáis fuera de toda razón. ¿De qué nos 
serviría, si no, el ser multimillonarios? 
Werburg me gusta y con mi dinero com- 
pro un gusto mío. 

Daisy ¿Como quien compra una rinconera? 

Alicia Sí, pero una rinconera artística, decora- 
tiva. 

COUDER ( Frotándoselas manos. ) «Allrigt». IdeaS muy Sa- 

nas. ( Tendiéndole la mano. ) Mi bendición. Te- 
doy la enhorabuena. 

Alicia ( seca. ) Gracias. » 

Couder Pues voy á comunicárselo á la condesa. 

( Para sí. ) ¡Ay, ! ga de mi COraZÓn! (Despidién- 
dose. ) Vaya, hijitOS. ( Al marcharse escapado Daisy le 
aga ra por los faldones del frac. ) ¿PerO acabarás de 

decirme de una vez lo qué quieres? 

Daisy Tiíto, ¿no podría entrar yo también en es- 
ta combinación matrimonial? Esta forma- 
lidad me distraería mucho. 

Ccuder Pero si eres aún una niña. 



- 43 — 

DAISY ('Zalamera. ) PerO tiítO... 

Couder Deja... deja, mocosilla. 

Daisy Pero tiíto... 

Couder ( Rudo. ) Basta. ( Para sí. ) ¡ Ay, Olga mía! 

( Desaparece cómicamente lateral derecha. ) 



ESCENA VII 



Los mismos menos COUDER 



Daisy ¡Ay, Alicita, cuánta envidia te tengo! ¡A la 

una... á las dos... á las tres... de cabeza en 
el matrimonio! A huir de la esclavitud. A 
volar por esos mundos, tú, casada y con 
Werburg. 

Alicta ¿Y por qué no? He reflexionado que Wer- 
burg es el único hombre que me conviene. 

Daisy ¿Es decir, que lo has conquistado. 

Alicia Con el derecho del más fuerte: una mirada 
le ha convertido en mi esclavo. 

Dik ( ATom. ) ¡Soberbio! Esto le causará un gran 

efecto. 

Tom Ya lo sabes: hay que decir á tu tío que Ol- 

ga es una nihilista peligrosísima, que tiene 
el encargo de volar a todos los millonarios 
yankis. 

Dik ¡Excelente idea! 

Tom Como mía. Te aseguro que no le va á lle- 

gar la camisa al cuerpo. 

Dik Hay que revestirlo todo de cie¡to misterio. 

Tom Vamos á calentar el horno. 

Dik Sí, pero antes espera. Verás: (a Alicia. ) Ali- 

cia, ( irónico. ) doy á usted mi más sincera en- 
horabuena; un día de estos, siguiendo el 
ejemplo, pienso casarme con mi cocinera. 

Alicia (seca.)IIará usted lo que debe; es lo que 
corresponde a un limpiabotas. 

( Dik se queda tuibado. Tom lo coge por las solapas y se lo 
lleva. ) 



- 44 



Tom 

Daisy 
Alicia 



Daisy 
Alicia 



( a Dik. ) Otro nuevo triunfo. Has estado pi- 
ramidal. ( Mutis lateral derecha. ) 

(Riendo. ) ¡Que ingenioso ha llegado Dik. 
Mira quien viene: tu señor jefe de las ca- 
ballerizas. No quiero estorbar. Voy á po- 
nerme hermosa para fascinar á mi secre- 
tario. 
¿Tú quieres á Werburg, Alicia? 

( Con arranque. ) ¡Mucho! ( Corrigiéndose. ) Es... 
deCOratiVO. ( Mutis lateral derecha. ) 



ESCENA VIH 

DAISY; después HANS, lateral izquierda. 



Daisy ¡Que felicidadl ¡Casarse! ¡Hacer el viaje de 

boda! (suspirando.) ¡Ay! (Pausa.) Yo también 

quiero Viajar. ( Mira y ve a Hans. ) ¡El! (Sesíenta 
en una mecedora una pierna sobre la otra, dejando ver el za- 
patito y algo de la media.) ASÍ,en pOSÍCÍÓn acadé- 
miea. ( Reparando en la media. ) No, 8SÍ nO parece 

que se ven dos centímetros de más. (Sebaja 

un poco la falda. ) No, aSÍ tampOCO. ( Se sube la falda 
un poco más que anteriormente. ) Así. ( Apoya el dedo ín- 
dice déla mano derecha en la cabeza, la otra mano caída ha- 
cía fuera. Se mueve. ) Me parece que así estoy 
interesante. 
Hans (Meloso.) ¡ Encantadora ! ¿Por qué tan pensa- 

tiva? ( Imita la postura. ) 

Daisy ¡Phs! 

Hans Alguna grave preocupación. 

Daisy" Diga usted, Hans, con franqueza, ¿soy ap- 
ta para el matrimonio? 

Hans ¡Vaya una preguntital ¡Hecha apropósito! 

Daisy (Nerviosa.) No se trata de eso. Se trata de 

saber si es verdad lo que opina mi tío y 
tutor. 

Hans Una opinión de mister Couder tiene que 

ser disparatada. 

Daisy Dico que soy demasiado niña todavía. 



— 45 



IIans Usted sólo es demasiado hermosa. 

Daisy Está usted galante. 

IJans Es justicia. (Pausa.) ¿Tiene usted hecha su 

elección? 

DAISY (Tranquilamente.) ¡Usted! 

IlANS (Sorprendido.) ¡YOl (Entusiasmado.) ¡Daisy! 

( Quiere echarse a sus pies. ) 

Daisy (Levantándole.) ¡Alto, pollito! Respeteusted 
nuestro pacto. ¡Viva la amistad! ¡Abajo el 
amor! 

IIans Sí, pero ahora... 

Daisy ¡Chitórj! Siéntese usted. (Leempujaaunasiiía; 

Hans se sienta. Con entonación doctoral. ) Una VOZ ínte- 

rior me dice día y noche: «Daisy, cásate 
con el barón IIans Ileinrich, conde, en, 
por, sin, sobre Schlik; es un chico bueno, 
elegante, simpático.» 

IIans No miente la voz interior. 

Daisy «Tiene modales finos y le hace falta dine- 
ro.» ( ai público. ) ¡Mucha falta! 

IIans ( Para sí. ) No miente la voz interior. 

Daisy Resumiendo. Yo quiero. Tú, digo, usted 

también quiere... ¿NO? ( Hans va á echarse á sus 

pies. ) ¡Quieto! Pero él, mi tutor, no quie- 
re... por lo que... 

IlANS ( Levantándose de un brinco. )N0S eSCapamOS. 

Daisy ( Tendiéndole ía mano. ) No sospechaba menos de 
usted, Rdrón. Es usted un caballero. Aquí 
traigo el contrato de boda. Yo misma lo he 

redactado. ( Busca el contrato por lodos los bolsillos, lo 
lleva en el pecho; al notar que Hans la mira atrevido, se vuel- 
ve yTo saca. ) Ahí está. ( Saca un librito pequeño y lo 
muestra. ) 

IJans ¿Lleva usted ahí, por casualidad, algún 

altar? 

Daisy ¡Tunanlón! (Doctoral.) En el contrato se tra- 
ta principalmente del viaje de boda. 

Hans ¡Naturalmente! 

Daisy Necesito un hombre que me dé entrada en 
los círculos de la buena sociedad europea, 
y ese es usted. A la vuelta nos divorcia- 
mos tranquilamente. 



— 46 — 

Hans ( Aparte. ) ¡Vaya una tranquilidad! 

Daisy Ya sabe usted que esto aquí es corriente y 

sencillo. 

Hans Sí; pero perdone usted. ¿Y si llegamos á 

tener hijos? 

Daisy Está previsto y descontado. Viajaremos co- 
mo dos hermanos. 

Hans ( Enérgico. ) ¡Protesto! Esta cláusula es dis- 

paratada. 

Daisy ¿Hace? 

Hans Pero... ¿Y si se enamora usted de mí? 

Daisy ¡A.h! ( Pausa. ) Este caso no está previsto en 
el contrato. 



Música 



Daisy Número uno: mi dote 

diez millones son. 
Hans Me gusta con exceso 

la primera condición. 
Daisy Número dos: divorcio. 

Ya usted rico es. 
Hans Es un negocio muy fácil. 

Daisy No lo desperdicie pues. 

Número tres: 

Nuestros tratos conyugales 

de hermanitos han de ser. 
Hans Gomo hermanitos cabales; 

nunca marido y mujer. 
Daisy En el hotel tomaremos 

separada habitación. 
Hans Y siempre nos trataremos 

con perfecta distinción. 
Daisy Prometes ser amigo fiel, 

muy bueno y muy prudente. 
Hans Prometo ser siempre por tí 

un buen niño inocente. 
Daisy Ilansely Gretel al corro jugarán, 

como angelitos los dos se divertirán; 

y al verlos juntos en tan santa diversión 



— 47 — 

nos dirán todos que retebonilos son, 

nos dirán todos que retebonitos son. 
Hans Ser debemos insensibles 

á los goces del amor. 

Ni miradas. 
Daisy Fuera besos. 
Hans Para todo habrá valor. 

Daisy Levantarse muy temprano 

y un almuerzo superior. 
IIans Justo, bien pensado, 

y un almuerzo superior. 

Visitaremos museos 

para tu gusto educar. 
Daisy Y por la noche al teatro 

nunca tengo que faltar. 
Hans Después de comer un poco 

iremos á descansar. 
Daisy Guidadito, caballero: 

á mi cuarto no ha de entrar. 
Hans Las buenas noches tenga usted 

con pena habré de darle. 
Daisy Qae duermas bien yo te diré 

y sola iré á acostarme. 

Hansel y Gretel en sueños tu verás. 
Hans Tú en los dos niños en la cama pensarás, 

y al verlos juntos en tan santa diversión.. 

( Al terminar el numero hacen mutis Hans y Daisy. ) 



ESCENA. IX 

COUDER, después OLGA. 



Hablado 

Goudír ¡Dios mío! ¿Me seguirá? ¿Por dónde me es- 
capo? ¡Es asombroso loque acaba de de- 
cirme mi sobrino! ¡ O'ga una nihilista! 

( Aparece Olga elegantísima. ) ¡Ella! | Estoy perdidol 

(Se esconde detrás de la mesa y se parapeta con una mecedora) 

Olga jPero mister Couder! ¡Está usted loco! 

¿Qué está usted maniobrando? 



— 48 — 

Couder | A. y, ay, ay! (Asustado,) Ahora, ahora es 
cuando voy á volar. ( oiga se dirige hada éi. ) ¡ Nt ! 
]Ahora no! ¿Antes de que nos casemos? 

Olga ¿Pero es qué está usted perturbado? 

( Dirigiéndose á él. Couder se arrodilla. ) 

¿Tienes miedo de tu mujercita? 

Couder ¿Entonces no trata usted de hacerme da- 
ño? ]Tú no eres una!... 

Olga ¡Caballerol 

Couder No me atrevo a pronunciar la frase. 

Olga ¿Acaso me cree usted una nihilista? ¿Quién 

le ha engañado á usted? 

Couder Mi sobrino Dik y Tom. 

Olga. ( Para sí. ) Lo presumía, (auo.) Lo compren- 

do: una intriga contra nuestro casamiento. 
¡Qué ascol 

Couder Perdóneme usted. 

Olga Jamás. (Pausa.) ¿De modo que nos casamos 

hoy? 

Couder Decididamente, hermosa condesa. 

Olga Entonces, maridito mío, pronto te conven- 

cerás que la feroz nihilista será tu esclava. 
( Le coge del brazo. ) Hoy te han dicho que soy 
nihilista; mañana te dirán, por ejemplo, 
que he sido «chanteuse» ó aecuyere», ó 
cualquier otra cosa. 

Couder Ja, ja, ja; pierde cuidado, queridita mia, 

110 SOy tan Cándido. ( Mutis lateral derecha. ) 



ESCENA X 

FREDY y HANS, lateral izquierda. 



IIans Estas princesitas del dollar,á fueiza de ser 

excéntricas, resultan desahogadas. ¿Qué te 
parece la proposición de miss Daisy? 

Fredy Pues nada; yo la encuentro originalísima, 
y creo que debes aceptarla. 

IIans Pero vamos á ver: ¿tú has calculado bien 

lo qué significa viajar meses enteros con 



— 49 - 

una mujer encantadora, de la que estás lo- 
camente enamorado; estar casado con ella 
y no poder siquiera... decirle una... ni 
darla un beso?.. 

Tranquilízate, Hans; ya se encargará ella 
de dártelo. 
¿Lo crees tu así? 

No puede ser de otro modo. Miss Daisy ya 
lo tiene todo preparado. 
Aun estando eila decidida, no sé lo que 
debo hacer. 

Si piensas con la cabeza, aceptar; ha llega- 
do la hora de cascar la nuez tuya. 
¿Cómo? Si en el contrato me deja sin den- 
tadura. 

En la habitación inmediata te esperan; allí 
te casarán en menos que canta un gallo. 
Me decido. Te suplico discreción. 

PÓr mí, deSCUida. ( Mutis foro izquierda. ) 



ESCENA XI 

ALICIA, después FREDV. 



Me parece que así vestida voy á quitarle el 
poco juicio europeo que aun le queda 

( Coge las faldas con ambas manos, haciendo perceptible el ro- 
ce de la seda. ) ¡Ay mister Fredy, no resistirá 
usted el tentador «írou-frou»! Ya viene 
[Qué bien le sienta el frac! 

( Apercibiendo á Alicia. Para sí.) Lleva tudas laS Ve 

las desplegadas. Discreción y tacto, Fredy 
Miss Alicia,.. 
Mister Werburg. 

Con su permiso. ( Buscando algo. ) No sé donde 
he dejado olvidada mi petaca. 
También yo he venido á recoger mis im- 
pertinentes. 

Es maravilloso; la encuentro á usted en to- 
das partes. 

-I 



— 50 - 

Alicia Es casual. 

Fredy Por más que la cosa no tiene importancia. 

Alicia Ninguna. 

FREDY Con SU permiSO. ( Hace ademan de retirarse. ) 

Alicia Una palabra. Ustedes los señores de Eu- 
ropa , que tienen monopolizado el buen 
gusto, ¿qué le parece mi toilette? 

Fredy Permítame usted que la examine. 

( La examina, describiendo grandes círculos á su alrededor. ) 

Alicia ¿Qué tal? 

Fredy Creo que debe haber costado un dineral. 
Alicia (Fría.) Gracias. ( Para sí. ) Fanfairón. (auo. ) 
Puede usted retirarse , señor secretario. 

( Fredy se inclina. Medio mutis. ) Con el fraC TCSUlta 

usted decorativo en alto grado. Debería 
usted llevarlo también por las mañanas. 

FREDY Si es de SU agrado... (Con sorna. Alicia hace mutis 

haciendo un gesto de despecho. ) NeCÍ3i 



ESCENA XII 

HANS, DAISY, FREDY, después ALICIA 



Fredy Mi enhorabuena, chicos . ¿Con qué por 
ahora estáis casados? 

Daisy ¿Cómo por ahora? ( Picada ) 

Hans ( Picado. ) ¿Cómo por ahora? 

Fredy Nada, nada; venid á mis brazos. 

Daisy Suplico á usted, mister Werburg, que no 
trate de inducir á ninguno de los dos á 
romper el contrato estipulado, 

IIans Pierde cuidado; no me ha de ser difícil el 

Cumplirlo. (Dice lo anterior con retintín y mirando á 
Fredy, el que le hace signos negativos. ) 

Daisy (Parasí. ) Veremos. (Áito.) Pues por mí, lo 
mismo. Un hombre casado no puede ins- 
pirarme ningún interés y mucho menos 
tratándose de mi marido. 

( Aparece Alicia: al verla Daisy se arroja á su cuello. ) 

¡Alicial 
Alicia ¿Qué significa esto? 



— 51 — 

Hans Necesita una explicación. Miss Alicia, ten- 

go el gusto de presentarle á mi joven es- 
posa, con la cual me fugo hoy á bordo del 
«Lucania». 

Alicia ¿Qué? ¡Imposible! 

Daisy Imposible. ¿Por qué? Hans y yo hemos fir- 
mada un contrato en que se descartan to- 
das las intimidades amorosas del matrimo- 
nio. Así, mi marido no es más que mi le- 
gítimo compañero de viaje. 

Alicia Vamos, «Hensel» y «Gretel». Inverosímil. 

Fredy Dispense, miss: yo he sido testigo de boda 

y he VistO el COntratO. ( Alicia sonríe incrédula. ) 

¿Y por qué, incrédula? (Con intención. ) Guan- 
do se case usted con su idolatrado Salva- 
dor, viajará también. 

Daisy ( a aücí». ) ¿Quién es ese Salvador? 

Alicia Cállate. Es una sorpresa, (auo. ) Pues yo 
les participo á ustedes que también me 
caso esta noche. 

¡Ahí ¡Salvador! Mismas afectuosos saludos 
al cuñado Salvador. 
¡Ab, el cuñado Salvador! 

( Hans y Fredy hablan en voz b:ija, Alicia al otro lado sentada 
en una mecedora. Daisy de pie delante de Alicia.) 

¿Estás segura del cariño de Werburg? 

Como tú lo estás del de Hans. 

¿Y si no fuera así? 

No seas inocente. Me llamo Alicia Couder, 

archimillonaria. ( Sentenciosamente levantando la voz.) 

Cuando tire de la cuerda el polichinela bai- 
lará. 

( Interviniendo. Hace sonar un puñadu de monedas. ) 

Al dulce son del tintineo del oro. 



Música 

Ustedes saben quién ellas son: 
las flores que irradian luz, 
las que su vida es eterna canción 
y tienen de oro el capuz. 
Encantadora en el vestir, 



52 - 



Hans 

Fredy 
Todos 
Alicia 

Daisy 

Alicia 

Daisy 

Hans 

Fredy 
Todos 
Fredy 
Alicia 



Fredy 



Daisy 

Hans 

Alicia 

Hans 

Fredy 
F. y H. 

Fredy 

Todos 



es su elegancia sin par, 

pueden decirme dónde hay que ir 

para poderlas hallar. 

Las que el mundo considera 

busca siempre su amistad. 

Son las que todo lo pueden. 

Las que no tienen rival. 

Pueden sin dificultades 

su capricho hacerlo ley. 

Pueden todo lo que quieren, 

sus caprichos serán ley. 

Y son. 

Y son. 

Y son. 
Os digo quien ellas son. 

Y son. 

Las hijas del metal. 
Son flores de la fortuna, 
que tienen de oro el capuz. 
Son las princesitas del doliar 
que irradian eterna luz. 
Son las princesitas del doliar 
las hijas del metal, 
fon las que todo lo pueden, 
las que no tienen livah 
¡Y las que tienen para el amor 
de hielo su corazón! 
Son las dichosas y su vida 
es una eterna canción. 

Y las que piensan que el hombre va 
tan sólo por el metal. 

Flores son de oro que el mundo nos da 

y que no tienen rival. 

No conocen las delicias 

que tan sólo amor nos da. 

Ño han gustado las caricias. 

Que tan sólo amor ros da. 

Es inútil preguntarlas; 

no sabrán quién ellas son. 

Sentís bellas estos goces. 

No conocen que es amor, etc. 

( Los cuatro hacen mutis al terminar el número. ) 



- 58 - 



ESCENA XIII 

Todos los personajes en escena con el CORO GENERAL, menos DAISV 
y HANS. 



Couder ¿Cómo está usted? Tengo muy gran honor. 

¿Cómo está usted? En ser su servidor. 
Ai.icía Como papá tengo el honor 

de ver hoy aquí 

la sociedad más selecta del país. 
Coro ¿Cómo está usted? 

Para nosotros es un gran honor 

y es gran satisfacción 

el vernos hoy aquí. 
Couder Afortunado siempre fui. 

Yo tengo buena estrella. 
Alicia En sus negocios yo le vi 

siempre triunfar por ella, 

por cuya causa es natural 

que sea millonario. 
Couder Soy financiero colosal. 
Alicia Soy genio extraordinario. 

Couder Que yo soy, que yo soy smart. 
Alicia Que yo soy, que yo soy snob. 

Couder Como arenas tiene el mar. 
Alicia Así dollars tengo yo. 

Soy smart, soy snob. 
Coro Que yo soy, que yo soy, etc. 

Couder De Creso cuentan que logró 
Alicia Tan colosal fortuna. 

Couder Que todo el oro amontonó. 
Alicia Y que alcanzó la luna. 

Couder Si un día llego á amontonar 

el oro que es mi anhelo. 
Alicia A Creso iremos á buscar 

en el octavo cielo. 

que yo soy, que yo soy smart, 

que yo soy, que yo soy snob, 
etc., etc. 
Couder A sus pies, condesa Olga. 

Os la debo presentar. 



- 54 - 



Sus riquezas, sus virtudes 

danle entrada en nuestro hogar. 
Coro Es elegante. 

Su belleza realza el europeo chic. 

Bien venida sea aquí. 
Olga Gracias, señores; agradezco 

vuestros honores, vuestra bondad. 

Me ofuscan vuestras atenciones, 

sabré guardar vuestra amistad. 
Coro ¡Oh, qué mujer! ¡Qué bella es! 

el corazón me hace latir; 

con su belleza me enamora; 

es elegante y es muy chic. 
Couder Pues sabed, mis amigos, 

que á mi pobre corazón 

han herido traicioneros 

los dardos del amor. 

Y á la condesa Oiga 

mi mano entregaré, 

pues que por ella peno 

feliz me casaré. 

Es un caso excepcional. 

E? muy halagüeño. 

Su hermosura sin rival 

pronto tendrá dueño. 

Muchas gracias. 

Aprobamos su elección. 

Me confunde tanto honor. 

Aprobamos su elección. 

Te doy la enhorabuena. 

Lo mismo digo yo. 

Celebro en el alma 

tan fausta nueva. 

Siguiendo la costumbre, 

para alegrar la fiesta, 

la servidumbre 

voy á buscar. 
Cosacas Por Olga, que es del Volga 

belleza sin rival, 

el día de su boda 

venimos á festejar, 

y por su capitana, 



Coro 



Olga 

Coro 

Olga 

Coro 

Dik 

Tom 

Dik 



Todos 

G)UDER 

Alicia 

GOUDER 

Alicia 



Gouder 

Alicia 

Fredy 
Couder 

Alicia 



Fredy 



Cono 
Alicia 
Fredy 
Alicia 



de rostro angelical, 

las cosacas van luciendo 

traje nacional. 

Por ser Olga ellas visten 

traje nacional. 

Hija mía, llegó tu turno al fin. 

supongo yo que vas á ser feliz. 

Sí; voy á ser feliz, papá: 

Lo intentaré. 

Valor. 

Lo tendré, 
y probaré aquí sin vacilar 
que nunca orgullo me cegó. 
Para ello quiero pronto demostrar 
que amor también me conmovió. 
También casarse quiere Alicia. 
El que eligirá suyo será. 
Lo adquiriré con mi dinero, 
pues todo lo puede el metal. 
¿Qué pensará? ¿Qué tramará? 
Tú misma debes escoger, 
yo nada tengo que saber. 
El hombre que más pe precie, 
el de mayor dignidad, 
para pescar un buen dote 
de todo será capaz. 
Por eso aquí las mujeres 
que cuentan con capital, 
se compran un marido, 
lo pagan bien y en paz. 
Y aunque vienen con cursilerías 
y nos dicen cuatro tonterías, 
ya sabemos que van por el metal, 
porque es su ideal. 
Por su orgullo desmedido 
es indigna de mi amor. 
Yo desprecio sus millones 
y aquí oculto mi dolor. 
;Y quién será? ¿Quién puede ser? 
Pues es... pues es... ¡Es usted! 



¡Yo! 



Si, usted. 



50 



Fredy 
Alicia 
Coro 

ALICIA 
GOUDER 

Fredy 

COUDER 

Coro 
Fredy 
Alicia 
Couder 

Fredy 
Couder 
Fredy 
Couder 

Fredy 



Alicia 
F. y A. 
Fredy 



Coro 

Fredy 

Coro 



Broma es quizá. 
No es broma, no. 

¿Quién es? 
Es mi secretario particular. 
Me alegro. «Allrigt». ¿Y qué dice usted? 
¡Jamás, jamás; no puede ser? 
¿Qué dice? ¿Qué está usted loco? 
Sin duda no me comprendió. 
Que no la quiere, raro es. 
Luz celestial de mi querer, etc. 
A su orgullo pongo precio. 
Yo su orgullo venceré. 
Diez millones son la dote. 
Perdón, no puedo aceptar. 
Veinte. Ya ve usted que doblo. 
No se canse, no será. 
Treinta. Aun más: cuarenta. Decidid. 
¡Qué manera de dudar! 
No me importan sus millones. 
Nunca amor se ha de vender. 
¡Su altivez humillaré! 
¡Yo su orgullo venceré! 
Prefiero ser en mi amor, etc., etc. 
Ustedes saben quién ellas son: 
las flores que irradian luz, 
las que su vida es eterna canción 
y tienen de oro el capuz. 
Encantadoras en el vestir, 
es su elegancia sin par, 
no hay que deciros ya donde ir 
para poderlas bailar. 
No conocen Jas delicias 
que tan sólo amor nos da. 
No han gustado las caricias 
que tan sólo amor nos da. 
Es inútil preguntaros, 
ya sabéis quién ellas son: 
son las mujeres que tienen 
de hielo el corazóh. 

Y son, y son, y son... 

Que os diga Alicia quien ellas son. 

Y son, y son, y son... 



— ot — 



Fredy 
Alicia 



Fredy 

Alicia. 
Fredy 



Las hijas son del metal. 
Son flores de la fortuna, 
que tienen de oro el capuz. 
Son las princesitas del dollar 
que irradian inmensa luz. 
Son las mujeres que tienen 
de hielo su corazón. 
Somos las tristes princesas. 
No saben lo que es amor. 

(Desaparece Fredy escalinata foro.) 



FIN DEL ACTO SEGUNDO 



ACTO TERCERO 



Casa rústica de Fredy, adornada con toda clase de trofeos de cazador, 
pieles de fieras, dos mesas, la una con servicio de café y botella 
de cognac y la otra con libros y recado de escribir. 

ESCENA I 

FREDY, DAISY. HANS, MISS THOMPSON. Daisy está le)-endo una 

novela, tendida en un sofá frente al público. En el otro lado Hans lee 

un periódico; Fredy, entre los dos, ocupado en su libro de contabilidad. 

Miss Thompson retira el servicio del café. 



Hablado 

Fredy (a miss Thompson.) ¿Está todo preparado pa- 
ra recibir dignamente a nuestros huéspe- 
des? 

Thomp. (con unción.) «Nuestrs techo sea su techo y 
tu huésped sea tu señor». Capítulo 45, 
versículo 12, del Nuevo Testamento. 

Fredy Tráigame usted Wiski. 

Thomp. «No has de empapar tu corazón en la co- 
pa ponzoñosa del pecado.» 

Fredy (Rudo.) Déjese usted de citas bíblicas. 

Thomp. «No te dejarás dominar por tu cólera.» 

Fredy Basta ya, vieja impertinente. 

Thomp. (Retirando el servicio.) «Bienaventurados los 
que sufren persecución por la justicia.» 
Voy a traer el Wiski. 

FREDY Gracias a Dios. (Mutis miss Thompson, que se 

marcha empinando la botella de cognac.) MÍSS... 



59 



Thomp. 
Fredy 



Hans 
Fredy 



IIans 



(Sobrecogida.) ¿Qué desea usted? 

«No has de empapar tu corazón con la 
copa ponzoñosa del pecado.» Capítulo 15, 
versículo 12, del Nuevo Testamento. 

(Miss Thompson se retira muy estirada lateral iz- 
quierda.) 

Pero si eso es el Antiguo Testamento. 
(Terminando de escribir-.) Bueno; ya tenemos 
listo el balance del primer año: pasivo, 
medio millón. Es inevitable el concurso y 
la quiebra inmediata. 

(IIans se ha levantado, marchando cerca de Daisv. 
a la que molesta echando el humo del cigarro. Cada vez 
que esto sucede, Daisy le mira furiosa.) 

Estás loco , Werburg . Tú en quiebra , 
cuando tus minas parecen ser el cuerno 
de la abundancia, cuando acabas de inau- 
gurar un nuevo ferrrocarril y tus pozos de 
petróleo valen ya un millón de dolíais. . 
No seas inocente: este balance es falso. 

¿Falso? ¿Con qué Objeto? (Daisy deja caer inten- 
cionadamente el libro y lo levanta haciendo un esfuerzo 
exagerado.) 

Muy sencillo. Después de tronar con Alicia 
y abandonar la casa Couder, compré estos 
pozos de petróleo a la razón social Sbmidt 
y Compañía, por una bicoca, y conservé el 
nombre de la casa. Pues bien; según este 
balance, Shmidt y Compañía están arruina- 
dos. 
¿Y qué? 

Que han ofrecido en venta a la omnipoten- 
te casa Couder sus pozos de petróleo. 
Bueno, ¿y qué? 

Y como el viejo Couder es un ave de rapi- 
ño y por la mismo le agradan los negocios 
fáciles, mira el telegramita que recibí ayer 
(Leyendo.) «Llegaré mañana para inspeccionar» 
No le veo la punta. 

Sencillísimo: os encuentra aquí por casuali- 
dad, se reconcilia con vosotros, perdona 
vuestra escapatoria... 



- 60 - 



IIans Y todo por nosotros. Esocuéntaselo a tu ta- 
tarabuela. 

FREDY ¿Cuál? ¿A la del alfiler? (Daisy vuelve a dejar caer 
el libro. Hans hace como que no la ve, pero continúa 
echándole humo.) 

IlANS Pillín. 

Fbedt Gouder no da un paso sin su mano derecha, 
que es Alicia, y vendrá con ella... (Pausa.) 
¡Ay, Alicia! ¡Ay, Alicia! 

IIans Chico, eres gracioso: le das calabazas y aho- 
ra suspiras por ella. 

Fredy ¡Bah!, tú no entiendes de estas cosas. 

DAISY (Levantando la vista y con rudeza a Hans.) Eso; USted 

no entiende nada, caballero, absolutamente 
nada. 

IIans (seco.) Gracias, señora baronesa. 

Daisy (Levantándose.) Ni siquiera que no se debe 
echar el humo a una persona «extraña», co- 
mo si fuera una pipa. 

Fredy Una señora extraña, valiente ocurrencia. 

HANS (Dejando el cigarrillo y desdeñoso.) Perdone USted, 

Si no hubiera usted dejado caer por dos 
veces intencionadamente su libro, no me 
hubiera enterado de que estaba usted ahí. 

Daisy Pronto podrá usted echar el humo a quien 
quiera, señor chimenea. Hoy es el aniver- 
sario de nuestro casamiento, mañana nos 
marchamos a New-York y pasado mañana 
nos divorciaremos. ¡Ay, por fin! 

IIans (Excitado.) Yo creo que no ha tenido queja 
de mí. En los doce meses de nuestro viaje 
de boda, he cumplido estrictamente nues- 
tro contrato y mi deber de no llenar los de- 
beres matrimoniales. 

Fredy (Para sí.) Lo dudo. 

Daisy (Despreciativa.) Así es en efecto, y mi notario 
le entregará a usted la suma estipulada. 

Hans Muchas gracias, aunque hablando con sin- 
ceridad, para mí ha sido cosa fácil, puesto 
que nunca se me hubiera ocurrido hacer a 
usted una declaración de amor... ni en 
sueños... 



— 61 — 

Daisy (picada.) Claro, como que siempre hemos te- 
nido habitaciones separadas. 

Hans Dispuesto por mí, para mi tranquilidad. 

Daisy Y por exigencia mía. 

Hans Ya sabe usted que no es cierto. 

Fredy (Golpeando la mesa.) Basta: al darles hospitali- 
dad en mi casa para substraerles a la perse- 
cución de su tío Couder, creí que la sole- 
dad haría triunfar al amor. 
¡Qué disparate! ¡Eso es imposible con un 
hombre que tiene la sangre de horchata! 
Imposible con una mujer que tiene de 
hielo el corazón. 

¿A usted se le (igura tal vez que yo debía 
dar el primer paso? 

¿Y usted se figura que yo soy un reloj de 
repetición? 

Ni siquiera una sonrisa. Acuérdese usted, 
caballero, que en Venecia le estreché lige- 
ramente la mano. 
Al subir a la góndola. 
En Milán le hice a usted señas con el pie. 
(Tocándose el pie.) Todavía me duele y no fal- 
see usted los hechos. Guando una noche, en 
el Cairo, equivoqué la puerta de la habita- 
ción, a usted le faltó tiempo para llamar a 
la camarera. 

Usted es el que llamaba en todos los hote- 
les a las camareras, sobre todo de noche, 

¡adúltero, repugnante! (Lloriquea forzosamente.) 

Me voy a empaquetar,.. ¡Asqueroso! (Mutis 

lateral derecha.) 



ESCENA II 

HANS y FREDY 



(Riendo.) Gracias, igualmente. 

Eso de las camareras es algo fuerte. (Hans 

ríe fuerte.) ¿Estás loCO? 



— 62 



IIans Galla, hombre; si soy el más feliz de los 
mortales. 

Fredy ¿Cómo? ¿Tú? Si según tu mujer tienes toda- 
vía la sangre de horchata. 

IIans No lo creas. Gomo Daisy persistía en cum- 
plir el contrato, decidí darla una lección. 
Estábamos en Bruselas, naturalmente en 
habitaciones separadas. En nuestro piso ha- 
bía una camarera muy guapa y chispeante 
llamada Susana, a la que me dediqué de 
manera que Dáisy lo notara. Una noche, 
mientras Daisy, atenta, me espiaba por las 
rendijas de su puerta, veo venir a Susana 
por el corredor, la sigo hasta el primer tra- 
mo de la escalera y apenas hubo desapare- 
cido, digo en voz que pudiera oirme Daisy: 
«Adiós, monina, hasta dentro de una hora; 
no faltes, Susana.» En seguida me voy tran- 
quilamente a la cama y apago la luz. Vaya, 
dije para mí, si ahora no viene Daisy a atis- 
bar, estoy perdido. Poco tiempo después, 
oigo ¿rugido de faldas, se abre la puerta de 
mi cuarto, una suave manecita coge la mía, 
y una dulce voz susurra: «Soy yo, Su- 
sana», 

Fredy (con indiferencia.) La eterna y prosaica aventu- 
ra del viajante de comercio. 

IIans Tonto. Susana era Daisy. 

Fredy ¡Ingenioso! ¡Piramidal! 

(Levantándose.) 

IIans Yo, naturalmente, hice que la tomaba por 
Susana. 

Fredy ¿Y después? 

IIans Desde aquel día, en cada hotel encontraba 
una Susana cada noche. 

Fredy ¡Ingeniosísimo! ¿Es decir, que tú engañas a 
tu mujer con ella misma? 

IIans Exacto. 

Freliy Entonces sois muy felices. 

IIans No lo creas; desde que estoy en tu casa la 
suerte me ha abandonado, tú no tienes ca- 
mareras, 



ESCENA III 

Dichos y Miss THOMPSON 



(Entra con el wiski.) «Obedecerás al Señor que 
está por encima de ti.» Ezequiel, veinte y 

Cinco, tres. (Deja elWiski y hace mutis latera! iz- 
quierda.) 



ESCENA IV 

Dichos menos Miss THOMPSON 



No tengo camareras, pero tengo ama de 
llaves. 

¡El Antiguo Testamento! Por más que a fal- 
ta de pan buenas son tortas. Efectivamente, 
gran idea y manos a la obra. (Se sienta en ¡a 

mesa de Fredy y escribe una carta.) «Adorada miSS 

Thompson». 

(Llena ios vasos de Wiski y beben.) Dictaré yo. 

«Adorada miss Thompson; Mi alma vuela 
hacia usted. Tango que hablarle a solas es- 
ta misma noche.» 
¡No lo permita Dios! 

Sigue: «Cuando todos duerman», pon tres 
puntos admirativos. Uien; ahora suspensi- 
vos, otros admirativos. Bien. Cuando lea es- 
to le da un patatús. 
No le dará, porque esta carta la pongo yo 

aquí. (Coge el libro de Daisy, que está sobre el sota, y 

mete la carta.; Así cuando Daisy vuelva a coger 
la novela, la encontrará y acabaremos de 
una vez con la farsa de las camareras. (Mutis 

los dos foro izquierda.) 



64 — 



ESCENA V 

Miss THOMPSON y después FREDY 



THOMP. (Se aproxima a la mesa para quitar los enseres de fumar 
y el Wiski, coge la botella, se la queda mirando amorosa- 
mente, quita el tapón, enjuga los bordes con el delantal, 
se atiza un buen trago y dice con unción.) «Al buey 

que pasta, no le has de tapar la boca». Je- 
remías. (Percibe la novela de Daisy y se cala las gafas.) 
(Viendo la carta.) ¡Oh, «MaupaSSant»! (Cae la car- 
ta.) Aquí hay algo. Sí, hay algo. (Lee la carta.) 

i Ah, SÍ! (Se sujeta el corazón y muy cómica.) MÍSS 

Thompson, el Señor te ha hablado. Disípe- 
se la oscuridad. Fredy te ama. «El Señor ha 

posado SUS OJOS en SU SÍerva.» (Pausa. Decidida.) 
Sí, acudiré. (Besa la carta y la esconde en su pecho.) 

FflEDY (Figurando hablar con alguno que está dentro.) Prepa- 
re el caballo, (a mis Thompson.) Sombrero y 
fusta, pronto. Estaré de vuelta para cuando 
vengan mis huéspedes. 

Thomp. (Aparte.) ¡El! (a Fredy.) ¡Oh, mister Werburg! 
«El Señor ha posado sus ojos sobre su 
sierva.» 

FREDY (Examinando el frasco de Wiski.) Y SU SÍerva ha pO- 

sado los ojos sobre el Wiski. 

ÍHCMP. (Abriendo los brazos y dando un paso hacia él.) Disípe- 
se la oscuridad. 

Fredy (Dando un paso atrás.) Este sí que se ha disipa- 
do. Retírese a su habitación, noble miss. 

Thomp. |Ah, ya comprendo! A mi habitación. (Llena 
de unción.) «Yo soy la caña en el aire; segúu 
el Señor sople yo me inclinaré.» Isaías, 

CUartO, tercero. (Coge la fusta y el sombrero mejica- 
no, se aproxima solemne a Fredy y se los entrega solem- 
ne. Luego dice con unción.) «Cabalga fellZ [Oh, 

Señorl que tu corcel te lleve al lugar de tus 
deseos.» San Paciano, ocho, quinto. 

FREDY (Recogiendo la fusta y el sombrero.) Cabalga, Cabal- 
ga... ¡Camello! 



— G5 - 
¡Ah, el primer piropo! (Sale murmurando.) ¡Ay! 

dijo: «Ven a mi huerto donde te espera mi 

Sabrosa fruta.» (Mutis lateral izquierda.) 

Bah, a trotar por montes y valles; hoy ten- 
go humor para vencer todos los obstáculos, 
aunque uno de ellos se llame Alicia. (Mutis 

foro.) 



ESCENA VI 

TOM y DIK, (oro derecha 



Te digo que en esta casa hay gato ence- 
rrado. 

Tú ves visiones. 

Todos los hombre llenamos un vacío. Yo, 
que en mi vida me he preocupado de nada; 
yo, que he jugado con los millones como 
quien juega al polo, tengo también mi es- 
pecialidad: instinto felino para oler las cosas 
de los demás; ocupación en la que nadie me 
ha igualado. 

Sí; el instinto de la chismografía. 
Nada de eso. ¿Al pasar la verja no has 
visto una cabeza en el ventanal que da al 
jardín? 
¡Claro! 

Aquella cabeza pertenecía a una mujer. 
Eso lo conoce cualquiera.] 
Y aquella mujer era de nuestra familia. 
Vaya una gracia. Sería la de Alicia. 
No. Era la deDaisy. 

Vamos, usted sueña. Daisy estará segura- 
mente en París con aquel Hans. 
No, Dik. Tú eres un inocente. Daisy está 
aquí. 

Bueno. Lo esencial no es que Daisy esté 
aquí o allí, que poco nos importa. Lo que 
aquí venimos a buscar es otra cosa. 
Con prudencia y tacto. 



— 66 — 

Dik Ya lo tengo todo preparado. 

Tom Yo seré tu salvaguardia. 

Dik Mi tío Gouder es un papanatas. Olga no 

puede serle fiel y he pensado que lo mejor 

es quitársela. 
Tom ¡Cómo! ¡Tul Me has engañado. Tú decías 

que quenas a Alicia,.. Yo puedo hacer un 

papel ridículo tratándose de Alicia; pero de 

ninguna manera consiento que turbes la paz 

conyugal de mi hermano. 
Dik ¿Paz conyugal le llamas a romper una vaji- 

lla diaria? 
Tom Bueno, eso no sale de la cocina. 

Dik No me convencerás. He venido con el sano 

propósito de regalar unos cuantos años de 

vida a mi tío. 
Tom Un disgusto, vienes a darle. 

Dik No seas tonto. Recuerda que se ha llevado 

al chauffer más inexperto de casa. Mira si 

estará aburrido. 
Tom No habrá llegado todavía. 

Dik ¡Quién sabe donde estarán! 

Tom No gastes bromas y vamonos. No quiero que 

se consumen tus inhumanas ideas. 
Dik Lo dicho, dicho está. Pero le acompaño. 

¿Dónde vamos:? 
Tom Daremos un paseo. 

Lik Vamos. 



ESCENA Vil 

Dichos y Miss THOMPSON, lateral izquierda. 



Thomp. 



Tom 
Thomp. 



Bienvenidos sean los huéspedes. «En tu 
casa encontrarán la paz y el reposo que ne- 
cesitan.» Jacob. 

(a Dik.) ¿Ha dicho paz? Usted conoce... 
Mi amo me ha advertido que vendrían con 
dos señoras y que les enseñara sus habi- 
taciones. 



DlK 

Tom 

TlIOMP. 

Tom 

Thomp. 

DlK 



— 67 — 

Se equivoca usted. No somos los que su 
amo espera. 

Queríamos hablar con el señor Shmidt so- 
bre asuntos comerciales. 
No tardará. 
Entonces volveremos. 
El Señor guíe vuestro pasos. 
(Aparte a Difc.) Vamos. Esta vieja parece un 

pastor de almas. (Mutis foro derecha.) 



ESCENA VIII 



Miss THOMPSON y luego DAISY. lateral derecha. 



Thomp. Sola . Nadie me estorba. Voy a leer una vez 
más su apasionada carta. «Adorada» (sus- 
pira.) ¡Ay, mi alma vuela! (suspira.) «Tengo 
que hablarte a solas (cesa la carta.) esta mis- 
ma noche cuando todos duerman.» (se ru- 
boriza.) ¡Dios mío, vela por mi honor.! 

Daisy (Apareciendo.) ¿Está usted sola, miss Thomp- 

SOL? 
THOMP. (Sorprendida.) (Oculta la carta.) Sí, míSS Daisy. 

Daisy ¿Qué le pasa a usted"? 

Thomp. «Ei Señor ha posado los ojos sobre su sier- 

va.» (Radiante de alegría.) | A.mo y soy amada! 
Daisy (Riendo.) ¿Y quién es el atrevido doncel? 
Thomp. ¿Qaé debo hacer, señorita? (Mostrándole la 

carta.) Lea usted... Temo por mi honor. 

DAISY (Asombrada al leer la carta.) ¿Pero es posible? 

¡Pillo! ¡Adúltero! ¡Hasta ahí ha podido des- 
cender! (A Thompson.) ¡Vergüenza debería 

darle a USted, Vieja ridicula! (Esgrimiéndola 

carta de iians.) Esto carta le ha de costar ca- 
ra. (A Thompson.) ¡Mesalina! ' (Mutis lateral de- 
recha.) 

Thomp. ¡Ah, mi carta, mi carta! ¡También ella ama 
a Werburg! ¡Mi carta, mi carta! 



— 68 - 
ESCENA IX 

OLGA, COUDER y ALICIA, loro derecha. Luego Miss THOMPSON. 

Música 



Olga Este es el sport más divertido. 

Alicia. Desde largo tiempo conocido. 

Couder Como el vendaval hemos corrido. 

Los tres ¡Oh, qué gusto da el correr! 

Olga El'chauffer que nos ha conducido. 

Alicia El terror sembró en el recorrido. 

Los tees Hemos batido el record 
con comodidad y sport 
sin dejar de hacer tof-tof. 

Olga Hop-la qué gusto da correr. 

Alicia Hop-la qué gusto, qué placer 

Los tres Hop-la el automóvil da, 
y el olor 
del motor. 

Couder Cuando la multa hay que pagar 

suelo entonces recordar. 

Alicia Que en el camino me dejé 

los restos del que atropello. 

Los tres Por eso opino yo que hay que ir 
sin correr, y así despacio, 
la mano en el motor llevarás 
con buen tacto y con cuidado. 
Que es muy útil di 
su invención. 
Que hay que usarlo 
con precaución. 

Sus ventajas no pueden negarse; 
pero es fácil estrellarse 
y por eso opinamos los tres 
que hay que ir con experto chauffer. 

(Couder cae rendido en una silla.) 



— 69 



Hablado 



Pero, hombre, ¿son estas tus energías de 

muchacho recién casado? 

Perdona, ya no estoy para estos trotes. 

(Dirigiéndose a Couder zalamera.) Rorro mÍ0, 

¿quién te quiere a tí? 
¡Mamá, delante de mil 
(Para sí.) Daría la mitad ;de mi fortuna para 
perderte de "vista. (Por oiga.) 
¿Sabéis que nos han hecho un recibimien- 
to espléndido? 

Tienes razón, hija mía; esto parece un 
cementerio. 

Aquí no hay más muerto que tú. 
Silencio: ahí viene alguien. 

(Sale lateral derecha, haciendo una inclinación.,) B¿n- 

ditosea el momento de vuestra llegada. 

Couder (Aparte.) ¡Qué bicho es éste! 

Thomp. El amo ha salido a caballo, pronto estará 
de vuelta. Si quieren los señores descan- 
•sar... pasarán a sus habitaciones. Está es- 
crito... (con unción.) «E! huésped sea tu se- 
ñor y nuestro techo (Pausa.) (con éxtasis.) núes- 
tro techo sea tu techo.» 

Couder (Para sí.) Lo que es el tuyo, amenaza ruina. 

Thomp. Tengan la bondad (señalando la puerta.) 

Alicia (Que ha visto los libros de contabilidad.) Yo rae en- 
tretendré en estudiar el balance de Shmidt 

y Compañía. (Coge el libro y hace mutis lateral de- 
recha, seguida de miss Thompson.) 

Olga ¡Por fin solos, maridito mío! Estás pensa- 

tivo y triste. ¿Qaé te pasa? (Acercándose mi- 
mosa.) 

Couder (Aparte.) Mimos y zalamerías, sablazo en 
• puerta. 

OLGA (Acercándose más y tocándole.) ¡Qué fatigado es- 

tásl Si ya te lo dije: tú no puedes con es- 
tos trotes. 

Couder (Aparte.) ¡Falsa! 

Olga ¡Pero si estás lívido! 



— 70 - 



Couder |0!ga! ¡Olga! 

Olga No te enfades, monín... 

Coudee. No me vengas con monerías. Estoy ya de 
tí, de Europa, de condes, duques, marque- 
ses y príncipes... hasta la mismísima coro- 
nilla. ¡Déjame en paz! 

OLGA (Excesivamente mimosa.) ¡DÍOS mío! ¿Q»lé te pa- 

sa? ¿Cómo llevas la corbata? Ven, que tu 
mujercita te la arreglará. 

COUDER ¡No me toques! (Poniéndose una mano en el cuello 

y con la otra haciendo ademán de rechazarla.) 

Olga ¿Qué mosca te ha picado? 

Couder ¿Qué mosca me ha picado? ¡Eh! (oiga va dan- 
do la vuelta para ponerse detrás de Couder y éste la ob- 
serva de reojo.) ¿Conque quieres arreglarme la 
corbata? 

Olga Pero, hombre, no te incomodes. ¿.Qué de 

particular hay en esto? 

Couder (volviéndose de repente y apañe.) Quiere ahogar- 
me a traición. (Alto.) No por la espalda, no. 
Cara a cara, si te atreves. 

OLGA . (Cogiendo un objeto cualquiera y tirándoselo.) ¡GfO- 

sero! 

Couder (Detrás del sofá.) ¡Vete, huye de mi vista!'¡Cri- 
minal! 

Olga Cuando me dé la gana, burro de oro; pero 

no sin que te ponga en un espantoso ri- 
dículo. 

Couder (con un miedo cerval.) Eso lo veremos, ¡furia 
del infierno! 

Olga (lc tira la süía.) Toma, ¡cobarde renacuajo! 

Couder (se esconde casi debajo del sofá.) ¡Marimacho! 

Olga (Persiguiéndole.) ¡Ahora verás quién es la viu- 

da del feld-Mariscal! 

CoUDER (Corriendo delante de ella se queda detrás del sofá.) 
¡Nerón COn faldas! (Olga va- a darle con el libro 
que encuentra encima del sofá. Couder coge la cabeza 
de la piel de oso y se la presenta de un modo que ha de 
resultar muy cómico.) 

OLGA (Mirándole con desdén c irguiéndose.) ¡Por las Ce- 

nizas de mis ilustres antepasados, te acor- 
darás de tu mujer la Condesa Olga! 



- 71 - 

Couder [Insolente, desvergonzada! Respeta siquie- 
ra que no estás en tu casa. 

Olga Bien, pero de mis uñas no escapas en 

cuanto lleguemos a la nuestra, (nace mutis 

por latera! derecha con ademán altivo y ¡os ojos muy 
abiertos.) 
COUDER (Respirando y mirando al techo.) ¡Señor, OS TUegO 

me concedáis tres pulmonías fulminantes 
para mi mujerl 



ESCENA X 

COUDER, HANS y después FREDY, loro izquierda. 



IJans (saliendo.) ¡Mister Couder! ¡Mi noble tío ban- 

quero! 

Couder (Atónito.) ¡Vos, Barón, aquí! 

IJans (Levantándole.) ¡Tiíto de mi vida! ¡Qué ale- 

gría! ¡Tanto tiempo sin verle! ¡Venga a mis 
brazos! 

Couder Alto, caballerito; tiene usted que rendirme 
cuentas. ¿Dónde está mi sobrina? 

Hans En el séptimo cielo; es decir, pasando les 

últimos días de nuestro primer año de ma- 
trimonio en casa de nuestro Shmidt. 

Couder ¡Bonita sociedad! Un raptor y un que- 
brado. 

Hans Permítame al menos que le dé mi enhora- 

buena por su enlace con la condesa Olga, 
con la cual será usted muy feliz. 

Couder Sería un sarcasmo. (Abrazando a iians.) ¡Ay, 
querido sobrino, si yo pudiera apartarla de 
mi lado! 

Hans Hecho. 

Couder Si lo logras, pide por esa boca. 

Hans ¿Está usted dispuesto a desprenderse de 

medio millón? 

Couder Y de cinco, si es preciso. 

Hans Pues lo repito: hecho. 



- 72 — 

Couder ¡Ven a mis brazos, nuevo «Lafayette»! Tú 
me darás la libertad. 

Fredy (Apareciendo.) ¡Bravo! La gran alianza: Amé- 
rica y Europa se han reconciliado. 

Couder (a iians.) Pero ¿estás seguro? 

IIans Segurísimo. Conozco a O'ga. (Aparte.) ¡Vaya 

un peje! 

Couder Lo dicho, dicho. Líbrame de esa mujer. 

(Hans sale izquierda. Couder le sigue con la mirada.) 

Fredy Mister Couder. 

COUDER (Se vuelve, y al ver a Fredy cae desplomado en una si- 
lla.) ¡Estoy soñando!... ¡Werburg! 

Fredy Perdone usted; Shmidty Compañía. 

Couder ¿De modo que se halla usted completa- 
mente en quiebra? 

Fredy Sí. 

Couder Mi hija está examinando su balance. 

Fredy (Para sí.) ¡Alicia! (Alto.) Mister Couder le he 
engañado a usted; mis pozos de Alice-Will 
se cotizarán desde mañana en New-Yoik, 
de un modo brillante. 

COUDER (Aparte.) ¡Ah Vamos! (Cogiéndole por el brazo.) En 

confianza: ¿A cómo se cotiza mi hija en los 
proyectos de usted? 

Fredy Bajo palabra, estoy flojo para cascar nue- 
ces. 

Couder (Aparte.) Lástima, éste hubiera sido para mi 
hija el único casca-nueces. (Alto.) Admiro 
tus cualidades, enérgico Werburg. Yo mis- 
mo te ofrezco la mano de mi hija. 

Fredy Por amor sí; por merced, no. Vamos a ver 

mis pOZOS. (Mutis foro derecha.) 



ESCENA XI 

DIK y HANS, foro izquierda. 



Dik (Entrando.) ¿Qué desea usted? 

Hans Usted... Usted sigue como siempre en el 

limbo. 



— t:j — 

Caballero... 

¿Vamos a ponernos europeos o nos senti- 
mos yankis? 

Yo siempre me siento igual. 
Entonces acabemos. Sé las intenciones de 
usted... 

Bien y que... ¿Piensa usted desafiarme? 
Sí. 

(Aparte.) Caramba. (Alto.) Hombre yo creo 
que... 
Desafiarle a usted en el acto. 

(Dando un salto.) (Aparte.) Me escabecha. 

Desafiarle a que no es usted capaz de lle- 
varse a Olga. 
Si se opone usted... 

Al contrario. Fíjese usted en esto. Le daré 
un itinerario rápido para ir a París. Le da- 
ré medio millón a Olga y les daré a los dos 
otro itinerario más rápido para quedarse 
sin un céntimo. 
¿Se burla usted? 
No. Es cierto lo que le digo. Vamos a ver 

a Olga. (Mutis lateral izquierda.) 



ESCENA XII 



COUDER. FREDY y después HANS. 



Magnífico. Eres el hombre ideal que yo ha- 
bía soñado para mi hija Alicia. 
Ella decidirá. 

(Izquierda. Muy contento.) Albricias, querido tío. 

Olga te abandona. 

Abrázame. (Se abrazan.) 

Te advierto que también le he regalado tu 
auto. Dame otro abrazo, por el otro nuevo 

Servicio. (Couder repite el abrazo.) 



74 — 



ESCENA. XIII 

Dichos y TOM 



Tom 



COUDER 

Tom 

COUDER 



(Se oye la bocina de un auto que se aleja.) 

(Entra por el foro izquierda y se abraza a Couder.) 

Perdón, hermano, no he podido evitarlo, 
Dík te roba a Olga. 

(Suspirando satisfecho.) jGraCiaS a Dios! (Exten- 
diendo los brazos.) Venid a mí. 
PeíoDik .. 

Déjale; es lo único bueno que ha hecho en 
su vida. Soy de nuevo libre. Ven, her mano, 
vamos a enterar a Alicia de este fausto 

acontecimiento. (Mutis izquierda.) 



: ESCENA XIV 

HANS, FREDY y después DAISY. 



IIans * Mi enhorabuena, Shmidt y Compañía. ¡Un 
balance brillante! 

Fredy Ahora te 'convencerás de que tengo una 
dentadura preciosa; pronto cascaré aque- 
lla famosa nuez; después te agenciaré una 
camarerita. 

IlANS (Echando una rápida ojeada al sofá.) No Será nece- 

sario, la carta está en poder de Daisy; tam- 
bién a mi me ha llegado la ocasión de cas- 
car la nuez mía... libremente. 

DaISY (Al entrar por lateral derecha, mide a IIans con la mi- 

rada de pies a cabeza. Trac una sombrilla debajo del 
brazo.) (Por IIans.) ¡Miserable! (A Fredy.) Míster 

Werburg, muchas gracias por su hospita- 
lidad. Me voy de viaje. (En voz altanera.) Por- 
que en una casa... 
Fredy (cortando ia frase.) Donde no hay camareras 
bonitas... 



(siguiendo.) Sino sólo viejas ridiculas... 
(Siguiendo.) Se hace una vida matrimonial 

tan regulada... (Fredy hace mutis foro izquierda, 
riendo a carcajadas. Daisy se da cuenta inmediatamen- 
te de la situación. Deja caer la sombrilla y humildemen- 
te sincera dice:) 

Tan regulada que resulta imposible. 



Música 

¡Daisy! 
¡Elans! 

Quiero hacerte una pregunta 
que me impide sosegar. 
No me atormentes con dudas; 
habíame con claridad. 
Dime si quieres a solas 
un ratito estar. 

Calla, porque me avergüenzas; 
no te puedo contestar. 
Un üanseüto tomo, pues, 
que sea mi retrato. 
Y tú una niña me darás 
si he de cumplir el trato. 
Gomo angelitos al corro jugarán, 
etc., etc. 

(Al terminar el número hacen mutis lateral derecha.) 



ESCENA. XV 

Miss THOMPSON con sombrero y saco de mano, lateral izquierda. 



Hablado 



«El Señor había entrado en mi alma, pero 
ha vuelto a salir.» ¡No soy amada ¡Adiós 
para siempre, Fredy! ¡Adiós! 



- 76 



ESCENA XVI 

Miss THOMPSON y FREDY, foro izquierda. 

Tiiomp. Tu pequeño camello se vuelve al desierto. 

(Mutis foro derecha.) 

Fredy Te equivocas: eres un gran camello. 



ESCENA XVII 

FREDY y ALICIA, que aparece distraída. 

ALICIA (Reparando en Fredy.) (Muy sorprendida.) ¡¡Fredyü 

FREDY (Se inclina.) 



Música 

Alicia ¡Fredy! ¡Ah, eséll 

Fredy Sí; soy Shmídt y Compañía, 

de quien los libros revisó. 
Alicia Según yo vi, se arruina. 

¡Para ello usted huyó de mí! 
Fredy Y a casa Couder vuelvo a recurrir. 

Alicia Por el recuerdo de otros tiempos 

con gusto le serviré. 

La casa Couder le concede 

al crédito que ha menester. 
Fredy Mil gracias. 

Alicia Es poco. Me debe usted quinientas mil. 

Fredy Agradecido quedaré. 

Su bella acción premiar sabré. 
Alicia Esta sombrilla, ¿de quién es? 

Su dueña será una beldad. 

¿Es rubia tal vez?... Morena, pues. 
Fredy No sé. No sé. 

Alicia No sé. Conteste usted. 

Fredy No puedo contestar. 

Alicia Suplico diga la verdad. 

Su conducta, caballero, 



- 77 - 

no la puedo comprender. 
Necesito que rae diga 
quién ella es. 
Diga pronto quién es 
esa hermosa mujer, 
que quiero saber quién pudo 
lograr su querer. 
Yo le suplico su perdón. 
Esa dama exige discreción. 
Una dama. ¡Tiene gracia! 
de algún modo hay que llamar 
a las mujeres perdidas. 
¡Tiene gracia de verdad! 
Pues bien, yo le requiero 
y que la olvide espero; 
pues no puedo consentir 
su manera de vivir. 
¡Nunca, nunca 
lo he de consentir! 
Soy la princesa del dollar 
que oculta en su alma el dolor: 
yo soy la triste princesa, 
¡soy huérfana de amor! 
Éso no es cierto, porque te amo yo. 
¡Oh, qué alegría! ¡Tuya soy! 
Llegó por fin el día 
en que mi corazón 
dice al ver en sus brazos 
al dueño de mi amor: 
Luz celestial, etc., etc. 



TELÓN Y FIN DE LA OBKA. 



BIBLIOTECA 

DE 



TEATRO HUND1AL 

Dirección: Luis Milla, San Pablo, 21.— BARCELONA 



OBRAS PUBLICADAS: 

La Princesa del DoIIar 



Seguirá la obra 



La Ola gigante 



drama social en seis actos y 
catorce cuadros original de 
D. 30SÉ FOLA 16ÚRB1DE 



Dicha obra fué esfrenada con éxito 
extraordinario en el Teatro Apolo, 
de Barcelona en febrero de 1912 



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Precio: 9@g pesetas